Me quedé unos segundos en estado de shock, mi bloqueo mental me duró lo que tardé en pensar que si me había besado era porque a lo mejor se había fijado en mi. No podía pensar nada más que en como poder volver a besarla o almenos intentar acercarme para captar alguna vibración positiva. Buscaba alguna señal que me empujara hacia ella.
Mi prima estaba con su nuevo amigo Jordi, se olvidó de nosotros como acostumbra a hacer con dos copas de más. Ella se desmarcó un poco, se puso a bailar a unos metros de mi. Me fijé como bailaba. Me pareció que bailaba con la esperanza de que yo hiciese el siguiente paso y que le correspondiera con algún gesto después de lo ocurrido. Lo primero que se me ocurrió fue acercarme a ella para agarrarla para bailar y pocos segundos después nuestras bocas se unieron apasionadamente como si hubiesemos esperado ese beso durante toda nuestra vida. Nos besamos sin parar, con muchas ganas, con nuestros cuerpos abrazados y sin pensar en nada más que disfrutar de ese momento tan inesperado.
La ví desconcertada, como si estubiera haciendo algo malo, se sentía algo culpable y no paraba de repetir algun pensamiento en voz alta:
- Que estoy haciendo?- o - Esto no es normal en mi- o - Esto no es justo- Le dije que si quería que se podía ir, que si no se sentía a gusto que lo podiamos dejar, pero ella se agarraba a mi con más fueza y con más deseo de besarme y abrazarme. Me sentí muy a gusto con ella, conectamos desde el primer beso y tenía la sensación que nos entendiamos bien, como si hiciera tiempo que ya nos conocieramos.
Me contó algun detalle privado de su vida, me dió la sensación de que no era feliz, de que su vida no era como le gustaría que fuera. Le conté que tampoco estaba pasando un buen momento, había terminado una relación larga que me estaba costando superar y al que me dejó algo perdido. Me contestó:
-Bienvenido al club. - Entonces vi que realmente no estaba bien tampoco. Me sentí entendido en ese aspecto, aunque parecía despreocupada de lo que le estaba contando de mi vida, total, debía ser uno más en su lista que abandona como si nada.
Nos costó despedirnos, no queríamos perdernos de vista, nos habíamos sentido demasiado bien como para hacerlo. No podíamos parar de besarnos, de mirarnos, de abrazarnos y acariciarnos, como si tubieramos el presentimiento de no volver a hacerlo hasta mucho tiempo después, de no tener la esperanza de poder volver a encontrar a alguien con esa conexión que hace que todo se más fácil y más especial. Me repetía constantemente que al día siguiente no me acordaría de ella, que seguramente me olvidaría como otra cualquiera, com si lo que hubieramos vivido esa noche era algo normal al que no le damos más importancia que el placer de unos besos y caricias, sin apreciar los gestos delicados de las manos, de sus miradas, de sus abrazos tan especiales, de las sensaciones que capté, de su sonrisa de otro planeta y de su sentido del humor tan similar al mio. No podía permitirme perderla, me sentí demasiado a gusto, cosa que no es normal en mi.
Le pedí que me diera la dirección de facebook para asegurarme almenos un contacto. No quería olvidarme de ella, había sido demasiado especial para mi como para hacerlo. Me pareció una chica demasiado interesante ,atractiva y agradable como para perderla.
Al día siguiente no podía pensar en nada más que en ella y en la noche tan rara que pasé. De sentirme a disgusto conmigo mismo, con el mundo y con esas desconocidas, hasta conectar con ellas, y de paso, conectar con todo y al mismo tiempo desconectar del mundo. Empece a pensar como había ido todo después de la cena, de lo bien que lo pasamos y de que había conocido a una chica encantadora que besaba como nunca me habían besado. Así que me acordé de su nombre y lo primero que hice fué buscarla para escribirle y decirle que claro que me acodaba de ella, que si quería que podíamos hablar para seguir conociendonos. Pensé que no querría, que seguramente no tenía espacio para mi en su vida y que para ella no fué tan especial. Pero estaba equivocado y me escribió.
La escribí cada día con entusiasmo, esperaba que llegara la noche solo para ponerme con el móvil y poder conocerla más. Iba descubriendo cosas de ella, sus gustos, la música que le gustaba, la iba conociendo como persona cada vez más. Me resultó una persona con personalidad, con las ideas claras, interesante, inteligente y sensible. Necesitaba saber de ella.
No podía parar de recordar e imaginarme mentalmente sus besos y de como me hizo sentir esa noche. Sentía el deseo de volverla a ver después de tantos días y mensajes por el móvil. Quería un reencuentro para ver si lo que creía haber sentido esa noche eran alucinaciones producidas por una combinacion de alcohol, o por lo contrario, la conexión que recordaba haber tenido y lo a gusto que me sentí a su lado, podía repetirse.
Era un sábado y había quedado con mi prima para ir a ver una película en la filmoteca. Pensé que podía ser una buena ocasión para reencontrarnos. Se lo propuse varias veces ya que me dijo que ese día estaría ocupada con unos amigos durante toda la mañana y parte de la tarde. No perdí la esperanza de que pudiera e insistí unas cuantas veces hasta que supongo que yo por pesado y por no parecer demasiado cabezota ella, cedió. Y si, me pareció cabezota, pensé que a lo mejor la había presionado demasiado en ir y me dió la sensación que no le apetecía demasiado verme ese día.
Quedamos en el metro Liceu y decidimos encontrarnos allí ya que ella me confessó que tenía mala orientación y podríamos ir juntos hacia la filmoteca. Llegué antes de la hora prevista, estaba nervioso y no podía estar parado esperándola, así que decidí andar un poco por la rambla para hacer tiempo y ,de paso, repasar mentalmente el recorrido de la parada de metro hasta la filmoteca. Volví a subir para esperarla desde un sitio fijo, pero ella ya había llegado. La ví apoyada en una barandilla, su semblante serio e inseguro me hizo pensar que estaba también nerviosa. Ni un gesto de alegria, pero me pareció muy dulce, con una mirada de niña inocente y de inseguridad. La saludé con dos besos. Un hola le bastó para saludarme y empezar el recorrido hasta dónde habíamos quedado. Se me hizo eterno el recorrido, estaba inseguro de mi, no sabía de que hablar con esa chica que tan desconocida me parecía después de una noche de fiesta y de tantos mensajes de móvil. Era extraño porque aunque a veces crees conectar con gente con palabras, luego en la realidad, en el cara a cara, hay tantas sensaciones a percibir que el contexto es tan diferente que te pierdes por momentos y te bloqueas. Me sentía incómodo, empezamos a andar y a sacar temas sin importancia para romper un poco el silencio, que aunque no me moleste, hay veces que crea incomodidad dependiendo de las situaciones donde se produzca. Ese momento que tanto ansiaba con ella, los silencios eran como puñales en mi espalda, me creaban ansiedad y me hacían perder la esperanza de pensar que esa noche también podría ser una noche especial.
Tomamos algo para hacer tiempo antes de que llegara mi prima, llevabamos unos quince minutos solos y todavía sentía esa incomodidad que tanto detesto, hasta que llegó mi prima y me calmé un poco. Seguidamente entramos a la sala de proyección para ver la película "La tentación vive arriba" con Marilyn Monroe de protagonista. Se sentó a mi lado derecho. Tube tentaciones. Tentaciones de tocarla, de mirarla en la oscuridad para ver su rostro, para ver su sonrisa que solo podía oir, no recordaba habérsela oido esa noche de cena, me pareció preciosa. Tube la tentación de cojerla de la mano, de rozarle los pies con los mios, de pasarle la mano por su muslo, pero solo fueron tentaciones que quedaron allí.
Al terminar, decidimos ir a tomar algo en un local cercano que mi prima conocía y nos dijo que estaba bien. Nos sentamos en una mesa interior. El local tenía poca luz cosa que a mi me causa seguridad y comodidad. Así que empezamos a hablar de cosas, intenté captarla en algun momento, hablabamos mi prima y yo, ella estaba poco participatiba, no me aguantaba la mirada y pensé que a lo mejor no estaba a gusto y se quería ir. La entendía, esas situaciones en las que te sientes incomodo, inseguro, sin palabras, sin reacción, bloqueado. Las había vivido muchas veces así que no le di importancia. No le di importancia hasta que mi prima nos dijo que se iba. Esa era la oportunidad para quedarnos a solas, para hablar los dos, para captarla ni que fuera un segundo, para conocernos más, para pedirle si quería tomarse otra copa conmigo, así que se lo propuse con éxito.
Me fuí a pedir dos Gintónics más y mi ignorancia en el tema quedó en evidencia, así que cuando el camarero me preguntó que ginebra quería, le dije sin importancia que quería Beefeter y me los puso con más bien pena. Ella se quedó sola en la mesa, la miré para observar que hacía, estaba inquieta, me acerqué para ofrecerle el Gintónic y me senté a su lado derecho. En ese momento me salió de dentro decirle que estaba muy guapa, porque me lo había parecido, y ella se quedó con cara de sorpresa y le salió una sonrisa irónica. Almenos la vi sonreir y seguimos hablando como pudimos, estabamos torpes por la situación y además había música que impedía oirte bien. En uno de esos momentos ella no escuchó bien lo que le decía y le dije que se acercara. Se acercó tanto que cuando la tube a unos centímetros de mi ya no sabía que era lo que le iba a decir, solo deseaba besarla de nuevo, había esperado provar sus besos demasiados días como para desaprovechar ese acercamiento tan oportuno, así que la besé con la suerte de acertar a sus labios y de sentirme correspondido por ella. En ese momento me sentí mejor, mucho mejor ya que la tensión de esa situación desapareció para convertirse en deseo, en ganas de repetir una y otra vez esos besos que tan bien sabían. Así que nos besamos sin parar e ibamos recordando las anecdotas de la noche de la cena, hablando con menos tensión y sintiendonos menos incomodos y más abiertos.
Me hacía sentir muy a gusto, cada beso que me daba era mejor que el anterior y más intenso. Así que ella me dijo:
-Soy una chica práctica, son las tres y me tengo que ir a las cinco. Que quieres hacer?- En ese momento me quedé de piedra, no podía creerme que me estubiera diciendo eso, pensaba que la noche quedaría con unos besos más y que a lo mejor querría quedar otro día a solas para volver a vernos y seguir conociendonos, pero su proposición no podía ser más clara y evidente, pensé que quería algo más que besos y en ese momento me sentí deseado como hacía muchos años no había sentido. Le dije que si quería que podíamos ir a mi piso, y me dijo que si.
Una cuantas calles después y con el deseo aumentando a cada paso que dábamos, llegamos a mi piso y entramos en mi habitación. Después de dejar la chaquetas encima del escritorio, se abalanzó con sus brazos hacia mi y empezó a besarme con más pasión aún, como si todavía tubiese rincones por descubrir en mi boca. Me besaba con ganas, con su boca apretada a la mía con fuerza, con nuestras bocas abiertas y moviéndose con la intención de dejar jugar nuestras lenguas entre ellas. Me abrazaba fuerte y eso creaba en mi aún más pasión. La besaba por el cuello y no podía parar de gemir, unos gemidos profundos y sensuales que hacían que me pusiera cada vez más a tono. Nos empezamos a desnudar y aprecié el tono de su piel más de cerca, una piel suave y morena, delicada, sensible, tan sensible que a cada centímetro que pasaba mi lengua creaba en ella un gemido y un espasmo de placer. La vi desnuda por primera vez y me pareció tan atractiva que perdí el mundo de vista. Me fijé en sus pechos, me parecieron preciosos, sus pezones grandes y tan apetecibles me llamaban a besarlos y a saborearlos, podía notar cuando tenía mi boca abierta en ellos lamiendo con mi lengua como se ponían cada vez más duros, sentí como se acentuaban los gemidos por el placer que eso le producía. Descubrí todo su cuerpo con mi lengua y con mis manos con tanta curiosidad como si de un adolecente se tratara. Ya ni me acordaba de la última vez que perdí el norte en la cama, con pasión, con desenfreno, con mucho deseo, con tanta atracción que cuesta asimilar, y con ganas de disfrutar y de sentirte vivo y deseado por otra mujer.
Me sentí correspondido y extasiado, feliz por haber pasado una noche con esa chica que tan interesante me parecía, y sorprendido de estar allí por no pensar que esa era una de las posibilidades. Estaba en una nube, no me lo podía creer. Me senti feliz también por ella, la vi contenta como todavía no la había visto en ninguna ocasión, y me sentí mejor aún. Al fin sentí que algo bueno me estaba pasando, que todo lo anterior había valido la pena, que todo tenía más sentido por haber vivido esa noche, y con la esperanza de poder volver a verla otro vez.
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