lunes, 23 de diciembre de 2013

10_Nube con turbulencias


 

Iba muy estresada por todo, tenía las tardes tan ocupadas que no tenía tiempo de quedar conmigo, y no nos podíamos ver como nos gustaría. Quedamos ese día en una parada del Tram, y solo teníamos una hora, si llegaba. Hacía una semana que no nos veiamos y como siempre las ganas de vernos iban a más. Decidimos vernos esa semana ni que fuera menos de una hora, almenos para establecer algo de contacto y de tranquilizar nuestras ansias de vernos solo con ese momento. Los dos sabemos que es insuficiente, pero vistas las circunstancias, para nosotros ese momento era mucho. Me explicó lo que le sucedía, estaba inquieta, alterada por el mal estar que su situación laboral le producía. Me limite a escucharla y a hacerle alguna pregunta o algun comentario. Necesitaba hablar y que la escucharan, necesitaba soltarlo porque no podía cargarlo más. Sin más, nos despedimos, y justo entrar en el Tram me acordé que le había traido unos dulces de chocolate que tanto le gustan. Se los guardé para dárselos en otra ocasión.

 

       Después de tantos días sin vernos, decidimos que nos merecíamos algo más. Teníamos que calmar esas ganas de estar juntos y decidimos planear una noche para los dos. Habíamos hablado de la posibilidad de ir a un teatro a ver un show que hacía unos días que habían estrenado. Después de comprovar que quedaban pocas entradas para el día que queriamos ir, le comenté que las teníamos que comprar ya, que la única posibilidad de poder estar juntos eran dos entradas en una misma fila pero separadas por siete personas en medio, casi nada. Ella me dijo que no me preocupara, que podíamos mirar otra cosa. Yo insistí hasta el punto de tener que hacerle una apuesta, para que cediera un poco:

 

-        Te hago una apuesta, si no consigo que nos sentemos juntos, pago yo la cena.- Pensé que era la apuesta perfecta, a lo que ella, después de una pausa, me contestó:

-        Te hago otra apuesta, si no consigues que nos sentemos juntos, cuando se termine la obra, me voy. Aceptas?

 

       No me lo pensé mucho, sabía que no podía ser tan difícil que la gente no se moviera solo un asiento hacia un lado, por muy rancios que fueran. Le dije que si. Y compré las entradas para ese jueves. Yo me pedí fiesta el viernes para poder pasar la noche juntos, pero debo explicarme mal, claro, todo se pega, y hasta los malos entendidos resultan ya un clásico. Ya se sabe, las montañas rusas.

 

       Empezaba a las ocho y media. Me dispuse a salir de casa para ir a buscarla en la parada de la fuente. Me dijo que iba justa de tiempo, y que si el tren no se paraba llegaría bien. El dichoso tren se paró a su antojo para estimular nuestros nervios, y a y medía pasada la vi llegar.

 

       Me sorprendió. Estaba muy diferente de como la había visto siempre. Llevaba el cabello recogido como no la había visto antes. Labios pintados de rojo carmín que tanto acentua sus labios carnosos, y que tanto me gustan. Ojos pintados y maquillaje básico nada acentuado. Con sus gafas de pasta, pantalones negros, chaqueta negra, y unos zapatos de tacon que la levantaban unos quince centimetros más. Iba muy elegante. Al principio se ma hacía raro verla a mi lado tan alta, pero me gustaba. Me gustó mucho. Estaba impresionado.

 

       Con las prisas olvidaba que llevaba tacones, y me adelantaba al paso con las reprimendas oportunas de ella. Sabía que después de pasada la hora establecida de inicio del espectaculo, dejaban diez minutos más de margen por los imprevistos de última hora, y eran las ocho y trenta y cinco, solo teniamos cinco minutos para llegar, y el teatro estaba a dos minutos a paso normal. Finalmente llegamos. Abrimos la puerta y nos encontramos a un responsable de sala que nos indico que debíamos dubir al segundo piso, que un compañero suyo nos indicaría. Y así fué, subimos al segundo piso, por sorpresa de los dos, habían muchos asientos vacios, y nos sentamos juntos.

 

       Estaba empezando el show cuando nos estabamos sentando, llegamos justo a tiempo y con la comodidad de saber que podíamos estar juntos sin agobios de gente, ni tener que desplazar a siente personas para poder sentarnos juntos. Me quedé tranquilo al ver que solo teníamos que elejir los asientos que más nos gustaran, y le dije:

 

-        Supongo que la apuesta queda anulada no? – Le dije al ver que esa no era la situación que esperabamos que fuera.

-        Si claro. – Me dijo la cruel apostadora, con un tono que casi parecía que la quería ganar. En fin, después de ponernos cómodos, empezó la función.

 

       Fué un show muy dinámico y entretenido, con acróbatas, humor, bailes, y alguna que otra sorpresa más. Me lo pasé genial, la tenía allí al lado con la boca semiabierta de lo que le estaba gustando, la miraba de refilón para ver la cara que ponía, y me pareció que se lo estaba pasando bien. La oía reir a mi lado y me encantaba oirla, sabía que había pasado una semana muy mala y ese momento estaba desconectando de todo. Tiene una sonrisa que me enamora, y cada vez que la sentía tenía más ganas de apretarle más fuerte la mano o de abrazarla.

       Después del primer acto, nos quedamos sentados en nuestros asientos para hablar un poco, ya que no habíamos tenido tiempo de lo justos que habíamos ido. Me comentó los problemas que tenía en su trabajo, de algunos malos rollos, y de que no me entendió cuando le dije de pasar la noche juntos, pero bueno, lo único que pasaba por mi cabeza era que estaba preciosa, y que después de todos los mal entendidos que puedan haber durante el tiempo que no nos vemos,  se desvanecen a los pocos segundos de verla.

 

       Acabada la función, nos dispusimos a ir a cenar en algun sitio. Me había percatado de una pizzeria cercana al teatro que le comenté al salir, le dije que al llevar tacones que no la haría andar mucho, y fuimos a ese restaurante, a ella le pareció bien.

 

       Nos pedimos dos pizzas, ella una cinco quesos, y yo una de verduras. Un lambrusco y nada más. Una de mis cenas favoritas con la mejor compañía del mundo. Una compañía que me continuaba deslumbrando con su “look” tan diferente, con sus conversaciones tan interesantes, con sus miradas, sus gestos tan pronunciados, sus prisas en comerse lo que tenía en el plato y por beberse lo que tenía el vaso, su sorpresa al ver como casi se termina una pizza de tamaño familiar, sus ganas de comerme mis trozitos de calabaza al horno y su presencia que tanto anhelo todos los días y que siempre al verla después, me pone tan nervioso, me inquieta, me siento tan atraido por ella que hay momentos que siento como tiemblo al subir el tenedor a mi boca o tartamudeo a la hora de hablar, me siento como si viajara en una nube pero con turbulencias, me desprende tanta serenidad que noto hasta como me late el corazón, sensaciones que no estoy acostumbrado a sentir pero que me resultan apasionantes y que las vivo con mucha intensidad, que me haga sentir así hace que me de cuenta de lo mucho que me importa, de que la quiero, que la deseo y que hace darme cuenta de que es lo mejor que tengo.

 

       Al salir de la pizzeria, decidimos ir a tomar una copa en algun sitio, a poder ser cerca de donde estábamos ya que ella no podía andar con demasiada comodidad con sus tacones, así que se los quitó y nos dispusimos a encontrar algun local donde pudieramos estar tranquilos y cómodos.

 

       El local que decidimos entrar parecía agradable y tranquilo visto desde fuera, pero al rato de estar sentados, se empezó a llenar de adolescentes con ansias de beber y salir de fiesta, al verlo nos disgustamos un poco de ese ambiente poco deseado y con tanto ruido, así que al terminarnos la copa fuimos en busca de otro local. Lo encontramos cerca de ese, y el ambiente era más a nuestro gusto ya que estaba casi vacio, podíamos hablar y los asientos eran unos sofás donde nos pudimos poner cómodos.

 

       Seguimos hablando de nuestras cosas, y de su viaje. Me contó algo que ella pensaba que ya me había contado. Y si. Me lo había contado, pero no me había dicho su nombre, y él era con el que se iba dos semanas de viaje, un viaje que le había regalado por ser su amiga. En ese momento pensaba que me undía tierra abajo, me vino un ataque de celos que no recordaba haber sentido nunca y empecé a recordar cosas que me había contado de él, de lo que habían hecho, de lo que hicieron hace años, de que estarían solos de viaje durante dos largas semanas, de que lo habían dejado porque ella no quiso una relacón en ese momento, supuse que él estaba enamorado de ella y que quería algo más que sexo y que por eso ella no quiso seguir. Me vino a la cabeza millones de pensamientos cada cual peor, de lo que podría pasar, de los regalos que le hacía, de los que le haría, de esa aventura que tubieron con la que no paraba de darle vueltas y con la que me venían muchas preguntas, que claro, no se las hice. Me bloqueé como me bloqueo cuando alguna cosa altera mis sentimientos, no sabía que hacer ni que decir, supongo que fué una mezcla de celos, envidia, desconfianza y miedo. Y no paraba de pensar en que estarían juntos dos semanas, estaría más tiempo con él en ese viaje que conmigo desde que nos conocemos. Y me sentí impotente y rabioso.

 

       Consiguió sonsacarme alguna opinión para calmar mi mal estar, me comentaba que no tenía que temer por nada, que no tenía que pensar en nada malo y que tenía que confiar en ella, que solo era un viaje de vacaciones con un amigo con el que ya solo tenían amistad y nada más. Me calmó un poco, pero por dentro seguía con mis comeduras de cabeza.

 

       Nos echaron de local porque ya cerraban, era tarde, y nos fuimos en dirección a la boca del metro donde ella se tenía que maxar. Hacía frio. Nos abrazamos en un portal durante mucho rato, y luego en otro. No quería que se fuera.

martes, 3 de diciembre de 2013

9_La última noche

Empezaba a estar más tranquilo. La incertidumbre de no saber a dónde acabaría viviendo me estaba afectando demasiado y me agotaba cada día más. Llevaba un mes frenético sin parar de buscar y no encontrar nada que coincidiera con los parámetros que me había fijado, busqué y rebusqué, encontraba pisos que en un principio me gustaban y me ilusionaba con ellos, y después de visitarlos y ver que no era todo lo que me había imaginado, se me caían las ilusiones a los pies y me desilusionaba a cada piso que visitaba.  Lo que en un principio fué una proposición de intentar encontrar algo para mi sólo y poder sentirme más libre e independiente, se iba desmoronando con el tiempo y lo veía cada vez más complicado. Desistí finalmente y me propuse volver a compartir, pese a mi voluntad, y aunque en un principio no era lo que buscaba, acabé convenciéndome de que era la mejor opción.

       A la semana de buscar habitaciones compartidas y ver que no era nada fácil, de ver unos cuantos pisos deprimentes, habitaciones pequeñas y futuros compañeros de piso algo extraños, recibí un mensaje de un piso que vi antes de empezar toda la búsqueda, un piso de seis habitaciones a compartir con cinco chicas. Al principio la idea de compartir con cinco chicas me tiraba un poco para atrás, no me podía imaginar encontrar calma, buena convivencia, libertad, intimidad, y más si partía desde un principio de querer ir a vivir sólo, no me convencía la idea para nada y me citaban de nuevo para terminar de conocer a las inquilinas del piso. Había ido a visitarlo cuando supé que tenía que empezar a buscar. Mi excompañera de piso me dijo que tenía una amiga que vivía en un piso muy grande y céntrico y que si quería que podía ir a verlo, que las chicas eran muy tranquilas y que había buen ambiente. Semiconvencido acepté ir, y me propuse a tener esa opció por si acaso no encontraba nada. Era una posibilidad que consideraba con pocas probabilidades, pero ahí estaba.

       Después de más de un mes de búsqueda, me encontraba otra vez en ese piso céntrico. Hablé con ellas de varios temas genéricos, no me parecieron nada complicadas, parecían  agradables y simpáticas, no me sentí incómodo más allá de lo normal y tube la sensación de que después de toda la búsqueda de pisos y habitaciones, esa podía ser una buena oportunidad. El tiempo se me tiraba encima y a principios de mes tenía que irme del piso e instalarme a otro. Me dijeron que si quería, que podía entrar a vivir con ellas, que me consideraban un chico tranquilo y que parecía sincero. Así que, después de pensármelo bien, mentalizarme de esa nueva situación en mi vida, pensar en todo lo bueno que podía traerme el cambio y el instalarme a ese sitio tan inesperado, finalmente era una opción real y que la tenía ya mismo

       Después de analizar todos los puntos positivos y negativos, realmente no estaba del todo convencido de irme a vivir allí. Tal vez soy algo inseguro, todo me cuesta al principio y más después de tantas desilusiones vividas, me costaba mucho pensar en positivo y ver que podría estar bien en mi nuevo piso, incluso después de decir que si seguí visitando pisos deseperadamente para ver si encontraba lo que buscaba.

       Me encontraba visitando un piso pequeño de dos habitaciones, cocina vieja, salon pequeño y con un posible futuro compañero de piso argentino de unos 50 años, encuestador. Cuando llegué, había otra persona que había ido a ver el piso, un chico de unos 30 años, ucraniano, cirujano de intestinos. Me vi en esa situación tan peculiar. El argentino no callaba, hablaba como si le fuera la vida en ello, como si tubiera una maldición de que al estar callado la palmase. Y me pregunto: Que les pasa a los argentinos? Pensé, bueno, debe ser de raza o algo. El ucraniano no callaba tampoco, solo hablaba de hospitales privados y públicos, me vi tan cansado de escuchar a desconocidos egoistas, de ver que la gente solo piensa en sus cosas, de que te pongan tantas condiciones, estaba ya cansado de todo aquello, así que decidí no ver más pisos. Se acabó! me dije al bajar por el ascensor de ese miserioso piso. Me convencí finalmente de que ya había encontrado piso. Me iba al piso grande, céntrico y con cinco chicas de compañeras.

       Me encontraba entre los dos pisos y con ganas de terminar de una vez con todo aquello, pero tenía que hacer la mudanza. En tres días me amoblé la habitación y me pase todo lo que tenía del piso que dejaba al piso nuevo. Tube la suerte de que mi hermana me dejo el coche, con él pude hacer varios viajes cargados hasta las cejas de todas mis cosas, y de las que no sabía que tenía también.

       Era viernes, me había pedido el miercoles y el jueves para hacer mi mudanza, y ese viernes trabajé. Al llegar a casa intenté hacer una siesta, como hago algunos viernes que no he quedado. Pero ese día no pude. Estaba pensando en la posibilidad que había en que ella viniese esa noche después de salir con sus amigas. Era una posibilidad que en el fondo sabía que no podía ocurrir ya que ella no es de hacer estas cosas, pero aún así, mi pequeña esperanza estaba allí, y mis grandes ganas de que eso ocurriera no me dejaron dormir. Tenía ganas de que ocurriera. Muchas. Sabía que era la última posibilidad de que estubieramos los dos en esa habitación dónde habíamos vivido tantos momentos mágicos, recordé varios días que nos marcaron a los dos y recordé lo bien que habíamos estado allí y todo lo que nos habíamos dicho. Recordé que nos habíamos prometido unas fotos juntos allí, como recuerdo de todo lo vivido. Deseaba que ocurriera.

- Tranquilo, no te molestaré. – Creo que odio esta frase. Me lo repitió hasta la saciedad, y en cada repetición se apagaba dentro de mi esa pequeña esperanza de verla por última vez en nuestra habitación, de despedirnos con unas fotos juntos,  yo le decía que hiciese lo que quisiera, pero insistía con la misma frase.

       Cené mi pizza favorita congelada, espinacas con gorgonzola y me bebí una cerveza. Todo un festín después de una agotadora semana. Tenía ganas de relajarme e irme a dormir pronto, mirar una película cualquiera de viernes y nada más. Pensé en irme pronto a la cama para dejar de estar nervioso pensando en si vendría o no.

       Eran las dos de la madrugada y tenía la sensación de que no me dormiría nunca, ya no sabía como ponerme para dormir, la incertidumbre podía conmigo y mi mente no conseguia relajarse de ninguna manera. Creo que a las tres y media había dormido algo. Me desperté de un salto ya que puse el móbil en máximo sonido por si ella me decía algo. Era mi prima:

-        Me acabas de llamar? Estamos entrando a la disco.
-        No te he llamado. Que vaya muy bien!

       Almenos sabía que estaban en la disco, me pude hacer un poco el recorrido de la noche y tener alguna idea, me dijo que saldrían por otra zona, pero pensé que al final ya les iba bien la ruta de siempre.

       A las cinco de la mañana volvía a dar un salto, esta vez me estaban llamando. Era ella!! El corazón casi me sale del pecho, no se si de la alegría o de los nervios. Lo cojo y empezamos a hablar.

       Estaba un poco perjudiada, la notaba cansada y le costaba hablar por el exceso de alcohol que esas fiestas suponían. Esperaba que me llamase más tarde, pero me dijo que perdió a sus dos amigas y que ya estaba cansada de aguantar a un chico que le explico durante una hora toda su historia con su ex y de como poder volver con ella o algo así. Como es habitual en mi, sentí celos. Había estado hablando más esa noche con ese desconocido que conmigo en una semana. Supongo que es normal, tampoco soy muy experto en esto de sentir celos pero ahora, con ella, me sale muy amenudo y no se muy bien como gestionarlo.

       Primero me dijo que no venía que se iba a su casa, yo le insistí que viniera porque tenía ganas de verla, y ella que no. Como siempre, acabé desistiendo agotado, y luego ella me suelta: - Y si vengo a darte un besito y me voy? – Joder pensé, me lleva a la desesperación de tanto insistir y cuando ve que ya no puedo más y la dejo tranquila para que haga lo que quiera, va y me dice que si, que viene. Si es que en el fondo se que quiere igual que yo, pero una mezcla de orgullo y racionalidad hace que haga lo contrario a lo que siente. Creo que la conozco un poco. Al cabo de un rato y de hablar con un par de amigos suyos, me vuelve a decir que se va. No se si lo hizo cinco, seis, o mil veces.

       Finalmente llegó, con su cara de cansada, sus ojitos caidos por el agotamiento y alcohol, enrojecidos, balbuceante, y con un aire de niña mala que tanto me gusta de ella. La vi tan frágil que daban ganas de cuidarla hasta que se recuperara de aquella noche, y de toda la semana, si cabe.

       La invité a subir a mi habitación a dormir, y a regañadientes subió insistiendo que también me daba un beso y que se iba. No paraba de decir que no entendía que hacía allí, que no encontraba sentido a esa situación, y yo, sin darle importancia, la miré y le dije que ya era suficiente, que se quedaba a dormir y punto, que había venido para estar conmigo y ya está. Después de días sin vernos no era muy dificil comprender porque había venido y porque estaba allí.

Después de unos cuantos abrazos y besos, nos propusimos dormir. Ella estaba agotadíssima, y en un último esfuerzo antes de dormirse me dijo:

-        Puedo pedirte una cosa?- Me susurro casi dormida.
-        Si, claro.
-        Por favor, no te separes de mi.- Cerró los ojos, y la abracé. Me separé, le cogí las manos y le dije:
-        Tranquila cariño, no me voy a separar de ti.

       Y se durmió después de darle unos besos, y de tranquilizarla. Me dejó con las ganas de decirle que la quería, de decirle que no me iba a separar, que era lo último que quería y que había luchado para no perderla. Pero estaba durmiendo, y lo único que podía hacer era susurrárselo al oido para que si de algun sitio me podía oir, que le quedara claro para que pudiera dormir en paz. La seguí besando hasta que casi me dormí. Miré la hora Eran las 6:30 de la madrugada. Cerré la luz y me tumbé a su lado, la miré un buen rato como dormía antes de dormirme yo.

       Me desperté y gire la cabeza, estaba allí tumbada, de espaldas a mi. No podía ver si estaba dormida o despierta y pensé en susurrar bajito un buenos días para saber si lo estaba.

-        Buenos días - Dije con una voz bajita.
-        Buenos días – Me contestó susurrando.

       Y con delicadeza se giró sonriente aun con los ojos cerrados, y me abrazó. Nos abrazamos. Estabamos felices de nuevo por estar juntos una mañana más. Antes de esa noche había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos habíamos despertado juntos, y los dos sabemos que esos momentos en la cama por la mañana, són momentos que los dos echamos mucho de menos, són tan especiales como dulces. Ese momento en que despiertas y ves a la persona que más quieres en tu vida, hace que sea de esos momentos que sientes la felicidad, estar allí acompañado por ella y sentir que no necesitas nada más, que con su presencia te basta y que con sus miradas adormecidas y sus sonrisas, deseas detener el tiempo en ese momento para la eternidad.

       Después de hacer el amor varias veces, de jugar en la cama y de hablar sobre lo ocurrido en la noche anterior, nos marchamos como siempre hacia la boca del metro para despedirnos, ese momento que tanto despreciamos por todo lo que nos ha marcado, pero felices de haber pasado una noche y una mañana más juntos.