lunes, 23 de diciembre de 2013

10_Nube con turbulencias


 

Iba muy estresada por todo, tenía las tardes tan ocupadas que no tenía tiempo de quedar conmigo, y no nos podíamos ver como nos gustaría. Quedamos ese día en una parada del Tram, y solo teníamos una hora, si llegaba. Hacía una semana que no nos veiamos y como siempre las ganas de vernos iban a más. Decidimos vernos esa semana ni que fuera menos de una hora, almenos para establecer algo de contacto y de tranquilizar nuestras ansias de vernos solo con ese momento. Los dos sabemos que es insuficiente, pero vistas las circunstancias, para nosotros ese momento era mucho. Me explicó lo que le sucedía, estaba inquieta, alterada por el mal estar que su situación laboral le producía. Me limite a escucharla y a hacerle alguna pregunta o algun comentario. Necesitaba hablar y que la escucharan, necesitaba soltarlo porque no podía cargarlo más. Sin más, nos despedimos, y justo entrar en el Tram me acordé que le había traido unos dulces de chocolate que tanto le gustan. Se los guardé para dárselos en otra ocasión.

 

       Después de tantos días sin vernos, decidimos que nos merecíamos algo más. Teníamos que calmar esas ganas de estar juntos y decidimos planear una noche para los dos. Habíamos hablado de la posibilidad de ir a un teatro a ver un show que hacía unos días que habían estrenado. Después de comprovar que quedaban pocas entradas para el día que queriamos ir, le comenté que las teníamos que comprar ya, que la única posibilidad de poder estar juntos eran dos entradas en una misma fila pero separadas por siete personas en medio, casi nada. Ella me dijo que no me preocupara, que podíamos mirar otra cosa. Yo insistí hasta el punto de tener que hacerle una apuesta, para que cediera un poco:

 

-        Te hago una apuesta, si no consigo que nos sentemos juntos, pago yo la cena.- Pensé que era la apuesta perfecta, a lo que ella, después de una pausa, me contestó:

-        Te hago otra apuesta, si no consigues que nos sentemos juntos, cuando se termine la obra, me voy. Aceptas?

 

       No me lo pensé mucho, sabía que no podía ser tan difícil que la gente no se moviera solo un asiento hacia un lado, por muy rancios que fueran. Le dije que si. Y compré las entradas para ese jueves. Yo me pedí fiesta el viernes para poder pasar la noche juntos, pero debo explicarme mal, claro, todo se pega, y hasta los malos entendidos resultan ya un clásico. Ya se sabe, las montañas rusas.

 

       Empezaba a las ocho y media. Me dispuse a salir de casa para ir a buscarla en la parada de la fuente. Me dijo que iba justa de tiempo, y que si el tren no se paraba llegaría bien. El dichoso tren se paró a su antojo para estimular nuestros nervios, y a y medía pasada la vi llegar.

 

       Me sorprendió. Estaba muy diferente de como la había visto siempre. Llevaba el cabello recogido como no la había visto antes. Labios pintados de rojo carmín que tanto acentua sus labios carnosos, y que tanto me gustan. Ojos pintados y maquillaje básico nada acentuado. Con sus gafas de pasta, pantalones negros, chaqueta negra, y unos zapatos de tacon que la levantaban unos quince centimetros más. Iba muy elegante. Al principio se ma hacía raro verla a mi lado tan alta, pero me gustaba. Me gustó mucho. Estaba impresionado.

 

       Con las prisas olvidaba que llevaba tacones, y me adelantaba al paso con las reprimendas oportunas de ella. Sabía que después de pasada la hora establecida de inicio del espectaculo, dejaban diez minutos más de margen por los imprevistos de última hora, y eran las ocho y trenta y cinco, solo teniamos cinco minutos para llegar, y el teatro estaba a dos minutos a paso normal. Finalmente llegamos. Abrimos la puerta y nos encontramos a un responsable de sala que nos indico que debíamos dubir al segundo piso, que un compañero suyo nos indicaría. Y así fué, subimos al segundo piso, por sorpresa de los dos, habían muchos asientos vacios, y nos sentamos juntos.

 

       Estaba empezando el show cuando nos estabamos sentando, llegamos justo a tiempo y con la comodidad de saber que podíamos estar juntos sin agobios de gente, ni tener que desplazar a siente personas para poder sentarnos juntos. Me quedé tranquilo al ver que solo teníamos que elejir los asientos que más nos gustaran, y le dije:

 

-        Supongo que la apuesta queda anulada no? – Le dije al ver que esa no era la situación que esperabamos que fuera.

-        Si claro. – Me dijo la cruel apostadora, con un tono que casi parecía que la quería ganar. En fin, después de ponernos cómodos, empezó la función.

 

       Fué un show muy dinámico y entretenido, con acróbatas, humor, bailes, y alguna que otra sorpresa más. Me lo pasé genial, la tenía allí al lado con la boca semiabierta de lo que le estaba gustando, la miraba de refilón para ver la cara que ponía, y me pareció que se lo estaba pasando bien. La oía reir a mi lado y me encantaba oirla, sabía que había pasado una semana muy mala y ese momento estaba desconectando de todo. Tiene una sonrisa que me enamora, y cada vez que la sentía tenía más ganas de apretarle más fuerte la mano o de abrazarla.

       Después del primer acto, nos quedamos sentados en nuestros asientos para hablar un poco, ya que no habíamos tenido tiempo de lo justos que habíamos ido. Me comentó los problemas que tenía en su trabajo, de algunos malos rollos, y de que no me entendió cuando le dije de pasar la noche juntos, pero bueno, lo único que pasaba por mi cabeza era que estaba preciosa, y que después de todos los mal entendidos que puedan haber durante el tiempo que no nos vemos,  se desvanecen a los pocos segundos de verla.

 

       Acabada la función, nos dispusimos a ir a cenar en algun sitio. Me había percatado de una pizzeria cercana al teatro que le comenté al salir, le dije que al llevar tacones que no la haría andar mucho, y fuimos a ese restaurante, a ella le pareció bien.

 

       Nos pedimos dos pizzas, ella una cinco quesos, y yo una de verduras. Un lambrusco y nada más. Una de mis cenas favoritas con la mejor compañía del mundo. Una compañía que me continuaba deslumbrando con su “look” tan diferente, con sus conversaciones tan interesantes, con sus miradas, sus gestos tan pronunciados, sus prisas en comerse lo que tenía en el plato y por beberse lo que tenía el vaso, su sorpresa al ver como casi se termina una pizza de tamaño familiar, sus ganas de comerme mis trozitos de calabaza al horno y su presencia que tanto anhelo todos los días y que siempre al verla después, me pone tan nervioso, me inquieta, me siento tan atraido por ella que hay momentos que siento como tiemblo al subir el tenedor a mi boca o tartamudeo a la hora de hablar, me siento como si viajara en una nube pero con turbulencias, me desprende tanta serenidad que noto hasta como me late el corazón, sensaciones que no estoy acostumbrado a sentir pero que me resultan apasionantes y que las vivo con mucha intensidad, que me haga sentir así hace que me de cuenta de lo mucho que me importa, de que la quiero, que la deseo y que hace darme cuenta de que es lo mejor que tengo.

 

       Al salir de la pizzeria, decidimos ir a tomar una copa en algun sitio, a poder ser cerca de donde estábamos ya que ella no podía andar con demasiada comodidad con sus tacones, así que se los quitó y nos dispusimos a encontrar algun local donde pudieramos estar tranquilos y cómodos.

 

       El local que decidimos entrar parecía agradable y tranquilo visto desde fuera, pero al rato de estar sentados, se empezó a llenar de adolescentes con ansias de beber y salir de fiesta, al verlo nos disgustamos un poco de ese ambiente poco deseado y con tanto ruido, así que al terminarnos la copa fuimos en busca de otro local. Lo encontramos cerca de ese, y el ambiente era más a nuestro gusto ya que estaba casi vacio, podíamos hablar y los asientos eran unos sofás donde nos pudimos poner cómodos.

 

       Seguimos hablando de nuestras cosas, y de su viaje. Me contó algo que ella pensaba que ya me había contado. Y si. Me lo había contado, pero no me había dicho su nombre, y él era con el que se iba dos semanas de viaje, un viaje que le había regalado por ser su amiga. En ese momento pensaba que me undía tierra abajo, me vino un ataque de celos que no recordaba haber sentido nunca y empecé a recordar cosas que me había contado de él, de lo que habían hecho, de lo que hicieron hace años, de que estarían solos de viaje durante dos largas semanas, de que lo habían dejado porque ella no quiso una relacón en ese momento, supuse que él estaba enamorado de ella y que quería algo más que sexo y que por eso ella no quiso seguir. Me vino a la cabeza millones de pensamientos cada cual peor, de lo que podría pasar, de los regalos que le hacía, de los que le haría, de esa aventura que tubieron con la que no paraba de darle vueltas y con la que me venían muchas preguntas, que claro, no se las hice. Me bloqueé como me bloqueo cuando alguna cosa altera mis sentimientos, no sabía que hacer ni que decir, supongo que fué una mezcla de celos, envidia, desconfianza y miedo. Y no paraba de pensar en que estarían juntos dos semanas, estaría más tiempo con él en ese viaje que conmigo desde que nos conocemos. Y me sentí impotente y rabioso.

 

       Consiguió sonsacarme alguna opinión para calmar mi mal estar, me comentaba que no tenía que temer por nada, que no tenía que pensar en nada malo y que tenía que confiar en ella, que solo era un viaje de vacaciones con un amigo con el que ya solo tenían amistad y nada más. Me calmó un poco, pero por dentro seguía con mis comeduras de cabeza.

 

       Nos echaron de local porque ya cerraban, era tarde, y nos fuimos en dirección a la boca del metro donde ella se tenía que maxar. Hacía frio. Nos abrazamos en un portal durante mucho rato, y luego en otro. No quería que se fuera.

martes, 3 de diciembre de 2013

9_La última noche

Empezaba a estar más tranquilo. La incertidumbre de no saber a dónde acabaría viviendo me estaba afectando demasiado y me agotaba cada día más. Llevaba un mes frenético sin parar de buscar y no encontrar nada que coincidiera con los parámetros que me había fijado, busqué y rebusqué, encontraba pisos que en un principio me gustaban y me ilusionaba con ellos, y después de visitarlos y ver que no era todo lo que me había imaginado, se me caían las ilusiones a los pies y me desilusionaba a cada piso que visitaba.  Lo que en un principio fué una proposición de intentar encontrar algo para mi sólo y poder sentirme más libre e independiente, se iba desmoronando con el tiempo y lo veía cada vez más complicado. Desistí finalmente y me propuse volver a compartir, pese a mi voluntad, y aunque en un principio no era lo que buscaba, acabé convenciéndome de que era la mejor opción.

       A la semana de buscar habitaciones compartidas y ver que no era nada fácil, de ver unos cuantos pisos deprimentes, habitaciones pequeñas y futuros compañeros de piso algo extraños, recibí un mensaje de un piso que vi antes de empezar toda la búsqueda, un piso de seis habitaciones a compartir con cinco chicas. Al principio la idea de compartir con cinco chicas me tiraba un poco para atrás, no me podía imaginar encontrar calma, buena convivencia, libertad, intimidad, y más si partía desde un principio de querer ir a vivir sólo, no me convencía la idea para nada y me citaban de nuevo para terminar de conocer a las inquilinas del piso. Había ido a visitarlo cuando supé que tenía que empezar a buscar. Mi excompañera de piso me dijo que tenía una amiga que vivía en un piso muy grande y céntrico y que si quería que podía ir a verlo, que las chicas eran muy tranquilas y que había buen ambiente. Semiconvencido acepté ir, y me propuse a tener esa opció por si acaso no encontraba nada. Era una posibilidad que consideraba con pocas probabilidades, pero ahí estaba.

       Después de más de un mes de búsqueda, me encontraba otra vez en ese piso céntrico. Hablé con ellas de varios temas genéricos, no me parecieron nada complicadas, parecían  agradables y simpáticas, no me sentí incómodo más allá de lo normal y tube la sensación de que después de toda la búsqueda de pisos y habitaciones, esa podía ser una buena oportunidad. El tiempo se me tiraba encima y a principios de mes tenía que irme del piso e instalarme a otro. Me dijeron que si quería, que podía entrar a vivir con ellas, que me consideraban un chico tranquilo y que parecía sincero. Así que, después de pensármelo bien, mentalizarme de esa nueva situación en mi vida, pensar en todo lo bueno que podía traerme el cambio y el instalarme a ese sitio tan inesperado, finalmente era una opción real y que la tenía ya mismo

       Después de analizar todos los puntos positivos y negativos, realmente no estaba del todo convencido de irme a vivir allí. Tal vez soy algo inseguro, todo me cuesta al principio y más después de tantas desilusiones vividas, me costaba mucho pensar en positivo y ver que podría estar bien en mi nuevo piso, incluso después de decir que si seguí visitando pisos deseperadamente para ver si encontraba lo que buscaba.

       Me encontraba visitando un piso pequeño de dos habitaciones, cocina vieja, salon pequeño y con un posible futuro compañero de piso argentino de unos 50 años, encuestador. Cuando llegué, había otra persona que había ido a ver el piso, un chico de unos 30 años, ucraniano, cirujano de intestinos. Me vi en esa situación tan peculiar. El argentino no callaba, hablaba como si le fuera la vida en ello, como si tubiera una maldición de que al estar callado la palmase. Y me pregunto: Que les pasa a los argentinos? Pensé, bueno, debe ser de raza o algo. El ucraniano no callaba tampoco, solo hablaba de hospitales privados y públicos, me vi tan cansado de escuchar a desconocidos egoistas, de ver que la gente solo piensa en sus cosas, de que te pongan tantas condiciones, estaba ya cansado de todo aquello, así que decidí no ver más pisos. Se acabó! me dije al bajar por el ascensor de ese miserioso piso. Me convencí finalmente de que ya había encontrado piso. Me iba al piso grande, céntrico y con cinco chicas de compañeras.

       Me encontraba entre los dos pisos y con ganas de terminar de una vez con todo aquello, pero tenía que hacer la mudanza. En tres días me amoblé la habitación y me pase todo lo que tenía del piso que dejaba al piso nuevo. Tube la suerte de que mi hermana me dejo el coche, con él pude hacer varios viajes cargados hasta las cejas de todas mis cosas, y de las que no sabía que tenía también.

       Era viernes, me había pedido el miercoles y el jueves para hacer mi mudanza, y ese viernes trabajé. Al llegar a casa intenté hacer una siesta, como hago algunos viernes que no he quedado. Pero ese día no pude. Estaba pensando en la posibilidad que había en que ella viniese esa noche después de salir con sus amigas. Era una posibilidad que en el fondo sabía que no podía ocurrir ya que ella no es de hacer estas cosas, pero aún así, mi pequeña esperanza estaba allí, y mis grandes ganas de que eso ocurriera no me dejaron dormir. Tenía ganas de que ocurriera. Muchas. Sabía que era la última posibilidad de que estubieramos los dos en esa habitación dónde habíamos vivido tantos momentos mágicos, recordé varios días que nos marcaron a los dos y recordé lo bien que habíamos estado allí y todo lo que nos habíamos dicho. Recordé que nos habíamos prometido unas fotos juntos allí, como recuerdo de todo lo vivido. Deseaba que ocurriera.

- Tranquilo, no te molestaré. – Creo que odio esta frase. Me lo repitió hasta la saciedad, y en cada repetición se apagaba dentro de mi esa pequeña esperanza de verla por última vez en nuestra habitación, de despedirnos con unas fotos juntos,  yo le decía que hiciese lo que quisiera, pero insistía con la misma frase.

       Cené mi pizza favorita congelada, espinacas con gorgonzola y me bebí una cerveza. Todo un festín después de una agotadora semana. Tenía ganas de relajarme e irme a dormir pronto, mirar una película cualquiera de viernes y nada más. Pensé en irme pronto a la cama para dejar de estar nervioso pensando en si vendría o no.

       Eran las dos de la madrugada y tenía la sensación de que no me dormiría nunca, ya no sabía como ponerme para dormir, la incertidumbre podía conmigo y mi mente no conseguia relajarse de ninguna manera. Creo que a las tres y media había dormido algo. Me desperté de un salto ya que puse el móbil en máximo sonido por si ella me decía algo. Era mi prima:

-        Me acabas de llamar? Estamos entrando a la disco.
-        No te he llamado. Que vaya muy bien!

       Almenos sabía que estaban en la disco, me pude hacer un poco el recorrido de la noche y tener alguna idea, me dijo que saldrían por otra zona, pero pensé que al final ya les iba bien la ruta de siempre.

       A las cinco de la mañana volvía a dar un salto, esta vez me estaban llamando. Era ella!! El corazón casi me sale del pecho, no se si de la alegría o de los nervios. Lo cojo y empezamos a hablar.

       Estaba un poco perjudiada, la notaba cansada y le costaba hablar por el exceso de alcohol que esas fiestas suponían. Esperaba que me llamase más tarde, pero me dijo que perdió a sus dos amigas y que ya estaba cansada de aguantar a un chico que le explico durante una hora toda su historia con su ex y de como poder volver con ella o algo así. Como es habitual en mi, sentí celos. Había estado hablando más esa noche con ese desconocido que conmigo en una semana. Supongo que es normal, tampoco soy muy experto en esto de sentir celos pero ahora, con ella, me sale muy amenudo y no se muy bien como gestionarlo.

       Primero me dijo que no venía que se iba a su casa, yo le insistí que viniera porque tenía ganas de verla, y ella que no. Como siempre, acabé desistiendo agotado, y luego ella me suelta: - Y si vengo a darte un besito y me voy? – Joder pensé, me lleva a la desesperación de tanto insistir y cuando ve que ya no puedo más y la dejo tranquila para que haga lo que quiera, va y me dice que si, que viene. Si es que en el fondo se que quiere igual que yo, pero una mezcla de orgullo y racionalidad hace que haga lo contrario a lo que siente. Creo que la conozco un poco. Al cabo de un rato y de hablar con un par de amigos suyos, me vuelve a decir que se va. No se si lo hizo cinco, seis, o mil veces.

       Finalmente llegó, con su cara de cansada, sus ojitos caidos por el agotamiento y alcohol, enrojecidos, balbuceante, y con un aire de niña mala que tanto me gusta de ella. La vi tan frágil que daban ganas de cuidarla hasta que se recuperara de aquella noche, y de toda la semana, si cabe.

       La invité a subir a mi habitación a dormir, y a regañadientes subió insistiendo que también me daba un beso y que se iba. No paraba de decir que no entendía que hacía allí, que no encontraba sentido a esa situación, y yo, sin darle importancia, la miré y le dije que ya era suficiente, que se quedaba a dormir y punto, que había venido para estar conmigo y ya está. Después de días sin vernos no era muy dificil comprender porque había venido y porque estaba allí.

Después de unos cuantos abrazos y besos, nos propusimos dormir. Ella estaba agotadíssima, y en un último esfuerzo antes de dormirse me dijo:

-        Puedo pedirte una cosa?- Me susurro casi dormida.
-        Si, claro.
-        Por favor, no te separes de mi.- Cerró los ojos, y la abracé. Me separé, le cogí las manos y le dije:
-        Tranquila cariño, no me voy a separar de ti.

       Y se durmió después de darle unos besos, y de tranquilizarla. Me dejó con las ganas de decirle que la quería, de decirle que no me iba a separar, que era lo último que quería y que había luchado para no perderla. Pero estaba durmiendo, y lo único que podía hacer era susurrárselo al oido para que si de algun sitio me podía oir, que le quedara claro para que pudiera dormir en paz. La seguí besando hasta que casi me dormí. Miré la hora Eran las 6:30 de la madrugada. Cerré la luz y me tumbé a su lado, la miré un buen rato como dormía antes de dormirme yo.

       Me desperté y gire la cabeza, estaba allí tumbada, de espaldas a mi. No podía ver si estaba dormida o despierta y pensé en susurrar bajito un buenos días para saber si lo estaba.

-        Buenos días - Dije con una voz bajita.
-        Buenos días – Me contestó susurrando.

       Y con delicadeza se giró sonriente aun con los ojos cerrados, y me abrazó. Nos abrazamos. Estabamos felices de nuevo por estar juntos una mañana más. Antes de esa noche había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos habíamos despertado juntos, y los dos sabemos que esos momentos en la cama por la mañana, són momentos que los dos echamos mucho de menos, són tan especiales como dulces. Ese momento en que despiertas y ves a la persona que más quieres en tu vida, hace que sea de esos momentos que sientes la felicidad, estar allí acompañado por ella y sentir que no necesitas nada más, que con su presencia te basta y que con sus miradas adormecidas y sus sonrisas, deseas detener el tiempo en ese momento para la eternidad.

       Después de hacer el amor varias veces, de jugar en la cama y de hablar sobre lo ocurrido en la noche anterior, nos marchamos como siempre hacia la boca del metro para despedirnos, ese momento que tanto despreciamos por todo lo que nos ha marcado, pero felices de haber pasado una noche y una mañana más juntos.

jueves, 10 de octubre de 2013

8_Puedo decir

Si me pongo a pensar que es lo que más me gusta de ella, me viene a la memoria casi todos los momentos en que hemos compartido juntos. Me sorprende verla cada vez, siempre me regala detalles que hacen que me parezca todavía más interesante y más asombrosa.
     Estoy pensando que es lo que me gusta más de ella, y se me escapa un suspiro. Me viene a la retina una situación. Estamos juntos y ella esta abrazada a mi. Le cuento alguna cosa que le hace gracia, alguna opinión política, detalles sobre mi gran estilo, algunas películas que hemos visto, anécdotas varias.... y juntando los labios fuerte y con una media sonrisa, asiste con la cabeza y arquea sus cejas burlando mi comentario. Como casi siempre, no está de acuerdo con mi opinión y de forma irónica me la da, ignorando que casi siempre tengo yo la razón. Y entonces empieza el juego de la lucha por el choque de opiniones, nos relajamos y se nos contagia la sonrisa, a ver quien la dice más grande. Ella claro. Y creamos un momento mágico. Tan contrarios en algunas cosas, pero en el fondo tan a gusto con el contexto en el que estamos, ese momento que creamos. No nos importa mucho la opinión que tenemos, lo que nos importa es que estamos juntos, a gusto, riendonos con cariño y compartiendo ese momento. Supongo que ella también lo siente, pero lo único que siento o en ese momento es que la quiero, que la deseo, y que soy feliz a su lado. Cuando estoy con ella, me doy cuenta que a su lado todo me parece fácil, que nos entendemos y que nos respetamos por encima de nuestras opiniones.
      Aun recuerdo como me fascinaba al contar las cosas en ese restaurante. Con fuerza y personalidad. Segura de si misma y con rigor. Incluso cuando era seca pensaba: - Joder con la tia esta, que carácter! – Por fuera, cara de póker. Por dentro, sonrisa de rubor. Me dejó noqueado. Si hubiera sabido sobre su pasado Muay Thai, no abro la boca.
      Sigo pensando, y me sitúo en ese restaurante paquistaní del lado de la rambla, también en el italiano tan silencioso dónde comimos pizza, en el marroquí-libanes volviendo a saborear cheese nan o en el árabe dónde degustamos un riquísimo cous-cous de verduras con pastelitos dulces de postres. Todo riquísimo, sabores nuevos, vinos varios, sitios cómodos, el italiano no tanto, y con su compañía. En cada restaurante quedaba embobado observándola y mirando como comía, como si se lo fuese a quitar del plato. Lo que más me fascinaba de ella era la gratitud y disfrute que reflejaba al degustar cada uno de esos bocados, como si fuera la primera vez que probaba cada unos de esos platos. Tanto disfrutaba que hasta le salian suspiros de sabor. Era un autentico espectaculo verla comer, y un auténtico placer.
       En cada una de las citas me sentía nervioso e impaciente por verla. Aunque nos conocíamos un poco, sabía que era como una primera cita en cada una de ellas. Pero todo ese nerviosismo desaparecía cuando ella empezaba a contarme cosas, con sus gestos y sus expresiones. Con sus historias me relajaba y poco a poco iba sintiendome más a gusto, y para mi que alguien consiga que llegue a ese momento donde te sientes cómodo y con confianza, lo es todo. Mi manera de ser cerrada y poco sociable no me ha ayudado nunca a estar a gusto con demasiada gente. Y ella lo lograba. Hasta yo me impresionaba al verme tan tranquilo y despreocupado.
       Me fascinaba como contaba sus historias y hacía que cada vez sintiera más ganas de conocerla y de que me contara aún más cosas de su vida. Me hacía sentir como un niño al que esta viendo una pel•licula de dibujos a la que hacía tiempo que deseaba ver. Inocente y atento, escuchaba cada una de sus palabras acompañadas de sus tan carismáticos gestos, y de esa manera hacía que nada importara más que ese momento en que los dos viviamos los mejores momentos de su vida. Me había dicho que era una persona con muros, que le costaba hablar de ella y de sus cosas, pero viéndolo ahora, me parece que el de los muros más grandes soy yo. A lo mejor no soy una persona con muchas historias interesantes, no he viajado mucho ni he tenido demasiadas excentricidades, pero sé que ella valora otras cosas, y yo, aunque a veces me hace sentir un niño, también.
      Puedo decir que ya se que són los altramuces, que si te dicen que te apartes en una mesa no es porque se necesita espacio, que las verdaderas cosas importantes són las pequeñas cosas, que la esencia de comer es saborear cada bocado, que la colonia Halloween es la mejor del mundo, que los tatuajes duelen y el láser escuece, que si pellizcas el codo de alguien no duele porque es carne muerta, que the rocky horror picture show es un musical que esta sobrevalorado, que Pretty Woman es un peliculón, al igual que Casablanca, que si veo perros por la calle me piense de que raza són, aunque la mayoría de veces no lo sé, que hay modelos de Harleys para chicas, que tienes que ir con papeles con tu perro, que las personas vegetarianas són normales y que disfrutan igual o más comiendo, que hay gente mucho más generosa que yo, que me cueste tanto estar sin ella, he aprendido a sentirme deseado, a ser algo experto en ginebras, a saber que no hay que ir en fiestas dónde no estas invitado, a escribir lo que siento, a disfrutar del sexo con amor, a reirme de mi mismo, y de ella, a sincronizar relojes para no perder ni un minuto por verla, a odiar el tiempo, a cojer un libro y leerlo con ganas, a comprarme una camiseta de mi grupo de musica favorito, me ha hecho descubrir musica que me encanta, que oler su pelo es la gloria, que imaginarmela sonriendo es lo que me hace sonreir cuando estoy triste, que pasear por el centro tiene su qué, que me gusten más los vinilos, que cada moto que oiga piense en ella, que al mirar un menú piense a ver que se podría pedir, que la comida árabe es deliciosa, que mi imaginación sea positiva, que la esperanza es la hermana del corazón, que awkward es una serie basada en ella, a quedarme en blanco después de un beso, que no pueda dejar de pensar en ella en todo el día, que tengo la espalda muy sensible, a sorprenderme porque se ria de algo que digo, a que ir al cine sea algo nuevo para ella, a que no me diga nunca que no a un abrazo, a seguir deseando bañarme con ella de noche en el mar y pasear, que pueda gustar tanto el dulce a alguien, me asombra todo lo que ha podido leer, que le guste tanto el cine y el arte, que alguien sea curioso en todo, que una expunk pueda ser tan cariñosa, que me vea con tan buenos ojos, que no le moleste la lluvia y le guste mojarse, que le puedan asustar tanto los payasos, y los mimos, sus ganas de superación, que levantarme a las seis de la mañana para contestar una llamada suya haga que me duerma sonriendo, que abrazar cura el alma, que dormir con ella es un placer, y que levantarme a su lado es increible, que comerme un mikolapiz haga que vuelva a tener 16 años, a compartir chupa chup, a pedirme un café con hielo por nostalgia, que hay bocadillos vegetarianos falsos, que si lees mucho en las etiquetas de las comidas encuentras carne, que se pueda estar en silencio sin incomodidad y disfrutar del momento, a saber que es un huevo sin puntilla, que el pan con queso pueda ser la mejor comida del mundo, a saber que hay gente que es más de tempranillo que de garnacha, que alguien se descalce al llegar a su pueblo, que se pueda ser tan altruista, a que se preocupen por mi, a que me hagan sentir entendido, a ser valiente, a saber decirme donde comprar ropa, que sienta mis nervios al haber quedado de nuevo, a ponerme nervioso en un ascensor, a reirme de pedos que no huelen, que despierten en mi tanta curiosidad, a no saber controlar tanta atracción, que hagan que me bloquee al decir lo que siento, saber que es cuando te dicen si tienes algo que objetar, a saber que El Bicho es Miguel Campello, que hay muchas películas raras que estan bien, al igual que bastantas comerciales, a que me de cuenta que me gustan más las bragas que los tangas, que hay orquillas caseras, que me guste tanto que diga mi nombre, que todavía haga bromas sobre mi sexualidad tan cuestionada, que me acuerde de casi todos los besos que me ha dado, que cuando me abraza se para el mundo, que me gusten tanto sus pulseras, que hay DNI,s que estan mal, que hay gente que no le gusta que la toquen, a saborear el metal de sus pendientes, a que se pueda estar tan atractiva con pijama, a saber a que saben los besos que saben a gloria, a saber que es ser práctico a las 3 de la madrugada, a sentirme otra vez como un adolecente en el cine cojiéndome de la mano y sentir las manos sudorosas, a girarme y verla reir solo con la luz de la pantalla, a que apoye su cabeza en mi hombro, a que me digan vamos a tomar algo, a sentirme superman a su lado con cuerpo de Clark Kent, a que me llamen ciego, a saber que una chica puede querer ser camionera, a que alguien quiera viajar conmigo, que se pueda ser tan agradecido con regalos tan pequeños, que el excel es muy fácil, que le puedan gustar tanto los animales normales como los raros, que me sorprendan besándome por detrás, que se pueda tener un código para cortar malentendidos, que una foto me alegre tanto el dia al igual que me ponga tan nervioso, a estar sentado dos horas al lado de una fuente, a tener ganas de conocer a una perra, a desear tomarme una copa de cava con fresas, a echar tanto de menos a alguien, a ser atrevido, a mostrarme tal cual soy, a dudar sobre si soy pijo o no, a acordarme de ella en cada tatuaje que veo, a que hay últimos trenes, a untar los pies con gintónic y limon, puedo estar rodeado de gente con ella y olvidar que la hay, a buscar escalones de los portales para besarla mejor, a colarme en el metro, y muchas cosas más que he aprendido con ella.
      Puedo decir que es una de las personas más interesantes que conozco y que despierta en mi mucha curiosidad y ganas de vivir. Todo lo que me ha dado hasta ahora, ha hecho darme cuenta de que hay personas que vale mucho la pena conocer, y que hacen que den sentido a todo lo que me rodea, que luchar sirva de algo y que solo con verla sonreir, me hace feliz.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

7_Escalones

Recuerdo que estaba sentado en un escalón. Me sentía impotente, angustiado, triste, solo. Tenía frio, y no paraba de soplar el viento. En alguna ocasión notaba como me humedecía por el agua que arrastraba el viento de la fuente de al lado. No me importaba. Si hubiera llegado cinco minutos antes la habría visto, y me tenia que conformar en saber que habiamos estado a la vez en la misma estación, pero sin vernos. Maldecía el cigarro que normalmente solemos hacer con los compañeros después de salir del trabajo. La habría visto. No podía soportar no volverla a ver.

            Me quedé sentado en ese escalon horas, pensando en que hubiera pasado si la hubiera encontrado. Ella me contó que estaba por el centro,como suele hacer muchas veces, para distraerse y para desconectar. Supongo que lo necesitaba porque el día anterior me comentó que no nos veriamos más, y que todo se acabó. Estaba pasando una mala época personal y no se porqué, pero quería que me alejase de ella, cuando más me necesitaba.

            No tenía ganas de nada. Andaba por la calle sin rumbo ni alma, como cualquier persona perdida y sin ilusiones. Me decía que tenía que salir para distraerme, y lo único que deseaba era llorar, encerrarme en mi habitación y sacar toda mi angustia y desespero.

            Estaba medio dormido aún. Sonó mi móbil, y sé que la única persona que podía decirme algo a esas horas era ella. Almenos seguía pensando en mi.

- Buenos días. No te creeras donde estoy...
- En la playa?
- No, estoy a dos calles de tu casa.

            Me desperté de golpe! No podía creer que estaba allí! Al lado de mi casa! No entendía nada. Me dijo que había venido a comprar un regalo de bebes. Y yo solo pensaba en que estaba allí y en la posibilidad de quedar para tomar algo o vernos. Pero ella estaba indecisa, no sabía si verme o no, pero se decidió por venir a verme. Noté como una sensación de alivio recorria mi cuerpo. Cerré los ojos, suspiré y sonreí. La volvería a ver! Esa misma mañana!! No podía creermelo, estaba eufórico y descolocado.

            Arreglé como pude mi habitación, me limpié un poco la cara, y me planté en el balcón a esperar que llegase. La ví apoyada en la caseta de la parada del autobus. Fumando. Por fin llama y se dispone a subir por las escaleras ya que el ascensor estaba estropeado. Supongo que ella, al verlo pensó: - Lo que faltaba ya...

            La esperé en la escalera intentando encontrarla con la mirada a cada piso que subía. Por fin la ví, terminó de subir los escalones, y con mis ansias de abrazarla casi la hago caer en el último. – Déjame llegar. – Me dijo. Y nos fundimos en un abrazo. Un abrazo que necesitabamos los dos. No sabía si eso estaba pasando o si estaba soñando en mi cama. Ese abrazo me curó a cada segundo que pasaba, pero también sabía que ella aún lo necesitaba más.
           
            La invité a entrar y a desayunar. Tenía un poco de zumo de naranja, unas madalenas y una tableta de chocolate. Comimos un poco, y volvimos a abrazarnos. Con más intensidad aún, y con más fuerza. Noté como empezaba a llorar, y como intentaba esconder sus lágrimas frotandose las manos por la cara. Estaba muy mal de ánimos, triste y desesperada. Sentí como se retorzia en mi, como si quisiera fundir su cuerpo con el mio, reclamando necesidad y ganas de tenerme. Podía sentir ese lazo que hace que las personas esten unidas por una razón u otra y necesitan a alguien para poder sobrevivir, para sentirte alguien en esta vida, para saber que no estas solo y para ver que hay gente que te entiende y que te hacen sentir que esta vida vale la pena. Vale si hay alguien con quien puedas compartir esos momentos. Y ese era uno de esos momentos en que me sentía más vivo que nunca, sentía pasión, cariño, amor, ganas de estar con ella, de conocerla más, de poder hacer cualquier cosa para que lo pasara menos mal, sentía tanta atracción que la deseaba con toda mi fuerza. La había perdido y en ese momento la tenía más que nunca, y nos teníamos, deseabamos estar juntos y olvidarnos de todo lo malo y de los malos momentos que estabamos pasando.

            Fuimos a desayunar con esa sensación que siempre nos quedaba a los dos, extasiados, realizados y felices de haber estado con la persona que más quieres, y con la contradicción de volvernos a despedir y de sentir esa incertidumbre de cuando nos veremos de nuevo. Pero en el fondo me sentía feliz, me sentía esperanzados de verla de nuevo. Solamente pensaba que había sido otra piedra en el camino pero un escalón más para los dos.







lunes, 3 de junio de 2013

6_Huevos rotos

Era martes, un 12 de febrero cuando creía que la veía por última vez, bajaba las escaleras para coger el metro y no verla más. Ese día estuve más a gusto que nunca con ella por no frenar mis sentimientos, y por dejar mis impulsos que salieran sin frenos:


-Estás al  tren?
- Descolocada, muda. Me has roto. Que raro....
-Te has leído la nota?
-Si claro, por eso te lo decía. Ni siquiera sabía que pensabas así. Es descolocarme.
-Te lo he intentado decir, pero no me explico bien, no me salen las palabras. Me bloqueo.
-Te he dicho todo lo que pensaba y te has quedado callado. Me ha dado la impresión de que pensabas que te la pela lo que sienta. Pensaba que estabas jugando conmigo.
-Pero que dices, no es cierto, puede parecerlo porque soy así de frío.
-Vamos y la canción que estoy escuchando ahora viene al pelo, Estopa, “Me quedaré”.
-Si no hubiera sido el último día, me hubiese encantado hacer cualquier otra cosa.
-Joder. Estoy en Standby. Me has descolocado. Tenía muy claro que pasabas de todo.
-No es así. Me metí en el papel de no mostrar mis sentimientos. Porque se que no te gusta y sabía que no podíamos pasar de un punto.
-Pero al sobrepasarlas, me dió pánico.
-Las sobrepasamos los dos.
-Creía que yo sola. Y tampoco entendí porque viniste el viernes.
-Quería verte, poder hablar, bailar, reír....
-Joder y yo que creía que estabas jugando.

        
         A partir de ese momento, empezamos a ser más sinceros con nosotros mismos. Habíamos pasado de ser dos conocidos que tenían un pacto a ser algo más. Hablábamos de lo que sentíamos sin tapujos y de que nos echábamos muy de menos. Parecía como si todo lo que habíamos sentido antes y que no habíamos podido demostrar, nos saliera de golpe y con mucha necesidad. 

         Empezábamos a ver que todo lo que habíamos vivido hasta entonces no había sido solo sexo, habíamos hablado de nuestras cosas, nos reíamos juntos, bromeábamos, hablamos de todo, de cine, de música, de maneras de vestir... Poco a poco nos íbamos cogiendo más cariño, y por mi parte cada día tenía más ganas de estar con ella y de conocerla mucho más. Me entendía muy bien y eso hacía que la deseara en todos los aspectos cada vez más.

-Queda pendiente pakistaní.
-En serio?
-Sabías que si me dabas esa nota te volvería a ver.
-No. No lo tenía nada claro.
-Pues queda pendiente mi Pakistaní favorito.
-Anota Pakistaní en la lista. Si cabe...

         Iban pasando los días y las ganas de vernos aumentaban. Pero seguíamos viéndonos poco. Siempre era el que proponía para quedar, pero no me importaba. Quedábamos dos veces por semana o a veces una. Sentía que necesitaba verla cada vez más, estábamos demasiado bien como para no echarla de menos. Estaba en un momento en el que me sentía yo mismo, sin tener que pensar en lo que decía por miedo a romper nada o por miedo a asustarla. Sentía como me deseaba y estaba a gusto conmigo, y yo con ella y  eso me hacía creer que todo iba bien, aunque seguía creyendo que nos veíamos poco, pero pensé que a lo mejor más adelante ella estaría más dispuesta y más disponible.

         Hablábamos cada día sin excepción, sentía la necesidad de saber de ella, de seguir conociéndola más, aunque fuera por el móvil. Sentía que lo que estábamos viviendo solo estaba siendo el principio de algo y tenía la esperanza de que se sintiera segura conmigo, de que no se sintiera agobiada por eso, creía que estaba convencida de estar segura de los dos, sin ningún miedo por abrir su corazón.

         Quería quedar con ella como fuera. Me acuerdo que se hizo un tatuaje y le habían recomendado no sudar nada. Ella me contó que no podía quedar porque no se podía controlar, que era inevitable, y yo insistía con planes diferentes para variar, como ir a tomar algo o al cine, pero ella no aceptaba porque era demasiado tentador, auque me decía que me echaba de menos, que me necesitaba y que tenía tiempo para mi. Yo le decía que también, que la necesitaba y que no hacía nada más que pensar en ella.

         Hablábamos de nuestros encuentros con mucha ilusión, recuerdo que lo hacíamos al detalle y de como nos habíamos sentido en ese momento; el día del primer beso, el viernes de la discoteca, el día de película y de otros día puntuales. Lo hacíamos a menudo con mucho entusiasmo para recordar los buenos momentos. Me sentía muy a gusto con ella hablando de esos días, me daba la impresión de que se alegraba de haberme conocido y de que lo que estaba viviendo junto a mi le daba mucha fuerza y ganas para seguir adelante.

         De lo que más terminábamos hablando era de lo bien que estábamos en la cama. Disfrutaba mucho con ella y cada vez era mejor. Me iba cumpliendo mis sueños sexuales que siempre había tenido. Me sentía muy realizado en ese aspecto porque nos compenetrábamos mucho y hablábamos de eso sin tabús ni secretos. Sentía tanto placer que era complicado no pasar ni un día deseándola y pensando en ella de las formas más sensuales que la había visto, de recordar su olor que tanto me cautivaba y de sentirla entre mis brazos gemir cuando extasiada me abrazaba y en mi oreja dejaba salir sus gritos para disfrutar de sus orgasmos. Nunca había imaginado llegar a los límites que estaba llegando, pero sabia que no solo era eso lo que nos unía, había algo entre los dos que no cesaba y que hacía cada vez que nos sintiéramos más a gusto y con más ganas de estar juntos.

         Me decía que el pánico que sintió al querer irse de mi era por acercarme lo suficiente como para poder hacerle daño, y que en ese momento no pensaba en nada, solo en el momento, y que se sentía bien conmigo. Sentía que la estaba recuperando y tenía la esperanza de que cada vez estaríamos más unidos. Pero todo cambió de repente.

         No estaba pasando un buen momento y ella era lo único bueno que tenía, pero demasiados días sin vernos mezclado con bajones de ánimos personales, hicieron que todo se volviera a desvanecer. Ella me contaba que tampoco estaba pasando un buen momento y que lo mejor era dejarlo porque sentía pánico de perderme, porque cada vez que me notaba frío y distante se le derrumbaba el mundo. Sentía de nuevo que no me creía nada, que todo le había dicho que sentía no se lo creía, o no se lo quería creer. Me desesperé otra vez solo de pensar en poder volverla a perder, y los días siguientes fueron un infierno al que me tenía que someter a diario.

         Era un martes cuando me dijo que sería mejor dejarlo y que en dos días me olvidaría de ella. Realmente no se si lo decía en serio o era una forma de hablar, pero eso me dolió, me hizo ver que realmente seguía pensando que ella no era nadie para mi. No sabía que pensar, sentía impotencia y rabia por no haberle echo entender mejor lo que sentía, o tal vez era una manera de defensarse para ella y no tener que sufrir más el echarnos de menos e intentar olvidarnos de todo eso para siempre. De nuevo no entendía su postura y me costaba meterme en su piel para poder intentar saber un poco como se podía sentir ella. Estaba desesperado.

         Cada día que pasaba era una agonía. Recuerdo que lo único que sentía eran unas ganas infrenables de llorar, una tristeza que me cautivaba por completo y que al instante de llegar por la tarde en mi habitación pudiera sacarlo todo en forma de llantos. No recuerdo haberme sentido tan triste desde hacía tiempo, y cada día sin ella era más duro y doloroso. Tirado en mi cama sin despegar ojo del teléfono para ver si recibía alguna señal, impaciente y con los ojos llorosos. Tenía dudas de si tenía que escribirla o no, tenía la contradicción de saber que ella me necesitaba y quería estar conmigo, pero ella ya había decidido que eso se acabó. Hablábamos sin saber que decirnos y siempre terminábamos hablando de lo mismo, de los miedos, de dejar que pasara el tiempo,  de que sería más fácil para los dos...  Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, y esos días supe que estaba perdiendo a una chica a la que no solo había empezado a conocer, sino que también la estaba empezando a querer de verdad, y cada día que pasaba me daba cada vez más cuenta de eso, y la desesperación y tristeza se estaban apoderando de mi, y no quería perderla.

         Nos hubiéramos visto ese viernes si no se hubiese terminado todo, y no recuerdo una tarde tan triste sin ella desde que la conocí, tumbado en mi cama, triste y lloroso como cada tarde y esperando alguna señal de ella. Pasaban las horas y cada vez se me hacía más doloroso. No paraba de pensar que en ese momento teníamos que estar juntos y aún me dolía más. Sabía que había quedado con unas amigas para tomar algo, y no paraba de pensar que si estaba cerca podríamos vernos de alguna manera. Yo había quedado con mi prima para salir de mi triste habitación, y sentirme algo menos solo. Iba por las calles perdido sin saber como llegar, más pendiente de mi móvil que del rumbo. De alguna manera no perdí la esperanza de poder verla, y cada mensaje era un sobresalto, hasta que unas horas más tarde me dijo:

-Creo que seguir con esto no va a ser bueno para los dos, y no quiero sufrir más.- En ese momento la vi hundida y triste. Me dió a entender que si seguíamos con eso la que sufriría más sería ella, y no podía pensar en hacerla sufrir por mi culpa, que si ella prefería dejarlo por decisión propia, no podía imponerme. Y recapacité. Entendí que lo estaba pasando muy mal y que eso la podía hundir más. No quería hacerle daño. Tube la sensación de que la había perdido, que su decisión era muy firme y ya no había nada que hacer. Lo único que pensé era en que fuera feliz, aunque lo fuera sin mi y me doliese. Le envié un mensaje a modo de despedida:

- No quiero que sufras por mi culpa. Tengo que respetar tu decisión. Y quiero que sepas que te quiero y que deseo que seas feliz. Siento que lo estés pasando mal.-
-Donde estas?- Me preguntó ella, y se me iluminó algo dentro de mi. Sentí que aún podía verla! Yo también le pregunté dónde estaba y empecé a andar impaciente hacía dónde me dijo que iba. Sentía al andar como el corazón iba a mil por hora y que las ganas de verla y de abrazarla eran más grandes a cada paso que daba. Pensaba: -Tranquilo, solo quiere hablar, quiere aclarar las cosas y ya está. No te hagas ilusiones, quiere decirte adiós.- Y seguí andando hacia esa plaza dónde me dijo que iba.

         Me dijo que estaba al lado de una fuente, y no la vi. Miré la fuente y luego giré la cabeza a la derecha cuando finalmente la vi que andaba hacía mi. La vi triste y encogida, solo pensaba en abrazarla y decirle que lo sentía mucho. Al llegar hacia mi y sin mirarme a los ojos levanto la cabeza y me besó. Me quedé bloqueado y sin saber que pensar. Lo único que hice fue disfrutar de ese beso como nunca, y pensé que podía ser el último. Nos abrazamos y nuevamente sentí que estaba muy triste, se abrazaba a mi con necesidad y al mismo tiempo dolor. La cogí de la mano para llevarla al lado de la fuente para estar más cómodos y poder hablar tranquilamente. Recuerdo como el ruido de la fuente llenaba los silencios tan largos que hubo. Estaba llorando y verla me hizo sentir aún peor, no podía soportar verla sufrir, se me encogió el corazón y el alma y no me salían las palabras como siempre me pasa en estos momentos. No sabía que decirle, estaba muy triste y no quería hacerla sufrir más. Pero pensé que ese podía ser el último momento en que estaríamos juntos y en el que nos veríamos, así que decidí que esa podía ser la única ocasión en que le podía decir lo que sentía, y sentía que la quería. Así que se lo dije con una voz de niño, como si volviera a tener quince años. No podía despedirme sin decírselo y sin que lo oyera de mi boca:

-Te quiero. – Entonces se encogió y se pronunciaron más sus llantos:
-No me digas esto, porfavor.- Me Dijo con voz entrecortada.
-Lo siento, pero te quiero. Y me he enamorado de ti como un esúpido. Tenía que decírtelo. – Siguió llorando en silencio sin decir nada. Lo único que podía hacer era consolarla. Le besaba la cabeza, le acariciaba el pelo y la espalda. No pensaba en nada, solo en disfrutar de su aroma, del tacto de su piel y de su presencia por última vez. En ese momento no existía nada más que nosotros dos. Pensaba que la había perdido y que no nos veríamos nunca más pero me cogió de la mano y dentro de mi se me hizo un poco menos pequeña la poca esperanza que todavía mantenía. Me acariciaba con dulzura mientras su cabeza iba a toda máquina sin parar de pensar, sin saber que hacer. Lo estaba pasando mal y solo quería verla contenta, o verla sonreír un poco almenos para quedarme con algún buen recuerdo, y para que parara de sufrir. Me acordé que habíamos mantenido una conversación muy interesante sobre el tipo de personalidad que uno tiene según como le gustan los huevos cocinados, y me envalentoné a decirle como recordaba que le gustaban los huevos a ella:

-Así que te gustan los huevos bien echos eh?- Y se puso a reír. Por fin la vi sonreír un poco, aunque un poco desconcertada de reírse en esa situación. Esa sonrisa me alivió mucho:
-Siempre consigues hacerme sonreír en los peores momentos- Empezamos a hablar algo más tranquilos y con menos tensión. Estábamos algo más relajados.
-Quieres ir a tomar algo? – No me lo podía creer, me estaba invitando a tomar algo! Yo pensaba que eso era una despedida y de repente el contexto se me gira por completo. No podía creer que estuviera pidiéndome eso, tenía la sensación que la poca esperanza que todavía me quedaba, era tan poca que me parecía imposible haber llegado a esa situación tan inesperada para mi. Me sentí extraño, tanta tristeza sufrida los días anteriores se desvanecían en ese momento por completo, y por fin volvía a sentirme en paz, volvía a ser yo junto a ella, como tanto había deseado y soñado esas tardes en mi habitación:

-Sabes que ya no puedo coger ningún tren no?

viernes, 24 de mayo de 2013

5_Mala inercia

Seguimos hablando todas las noches recordando esa noche de hotel tan increible, seguimos conociendonos más en todos los aspectos y decidimos quedar más a menudo para poder disfrutarnos como lo habíamos hecho ese día. Ibamos quedando un par de días a la semana como mucho, y me parecían poco.

      En uno de esos días recuerdo haber tenido una conversación telefónica más sincera hablando de lo que sentíamos. Una conversación a la cual ella cortó de primeras, y comentó que lo nuestro solo era por sexo, que si en algun momento alguien empezaba a sentir alguna cosa, que lo dejaríamos. Claramente acepté, ese comentario no aceptaba ninguna condición más por lo seguro que me pareció. Sentí que la engañaba, que aceptaba su propósito sin ningun problema e incluso intenté convencerme de que era verdad, que si sentiamos algo podíamos llegar a hacernos daño. Pero yo ya sabía que me gustaba, sabía que algo había despertado en mi, que era cuestión de seguir sus pactos para seguir viéndola y hacerle creer que aquello para los dos solo era sexo.

        La fuí viendo cada semana, y cada encuentro era más especial que el anterior. La descubría cada vez que estaba con ella. Cada día era diferente y más intenso. Creía conocerla a la perfección hasta que seguía descubriendo nuevas zonas de su cuerpo en cada encuentro. Empezaba a cumplir alguno de mis sueños sexuales de toda mi vida, sueños que creí que nunca se me iban a cumplir. Empecé a darme cuenta de que estabamos a la misma altura, de queen la cama eramos similares, de que todavia teníamos mucha curiosidad por apagar. Me daba tanto placer que solo deseaba verla por sentirla de nuevo y disfrutarla mas aún.

         Todo parecía ir segun lo pactado.Bueno. Casi todo.

         Habían esos momentos que hacían esos encuentros más especiales. Esos momentos en que estabamos los dos en la cama reposando y hablando de nuestras cosas, con normalidad. Pero había algo que no entraba sobre lo pactado. Habían momentos en que los dos nos quedabamos callados mirándonos fijamente. Se me paraba el tiempo. Me pasaría toda la vida mirando esos ojos dónde reflejan un alma tan inocente y buena. Me gustaba cada vez más. Esos momentos eran mágicos para mi, necesitaba mirarla más allá de lo superficial del roce de nuestros cuerpos, necesitaba que conectara conmigo de alguna manera para que viera que podíamos darnos una oportunidad y pasar de ser unos conocidos con un pacto sexual, a conocernos de verdad y expresar nuestros sentimientos. Necesitaba sentirme querido y que me diera cariño. En esos momentos alguna vez cuando al mirarla fijamente durante unos tres segundos y exclamarme un QUE! , yo le respondía que nada. Abajaba la mirada y seguia en mi modo señor frio que tanto me caracteriza. No podía decirle lo que sentía, era demasiado arriesgado y podía perderla. Me conformaba con algun beso extra que le salía, y algun beso que me daba cuando no la miraba. Con eso tenía que acallar a mi ser, todo lo que necesitaba de su cariño.

       Ese viernes no quedamos. Había quedado para salir con una amiga esa noche. Me dijo que irian a la discoteca donde nos dimos el primer beso. Cosa que pensé que a lo mejor podría pasarme para verla, pero me lo quité de la cabeza. Demasiado arriesgado.

      To be or not to be, era la proyección que ibamos a ver mi prima y yo ese viernes a las seis de la tarde. Nos gustaban las películas antiguas en versión original, y más con compañia. Fuímos antes de entrar a tomar algo para saciarnos un poco, ya que ninguno de los dos había comido y teníamos algo de hambre. Tranquilamente y confiados, aunque algo justos de tiempo, fuímos hacia el local de proyecciónes, dónde nos sorprendimos cuando el vendedor de entradas nos dijo que solamente quedaba una plaza para esa sesión, que ya estaba todo ocupado. Para nuestra desilusión nos marchamos sin rumbo de allí. Nos marchamos sin saber que hacer, así que decidimos a tomar algo en una calle muy frecuentada. Empezamos a beber y quedamos con una amiga de mi prima muy simpática que se apuntó a nuetro plan improvisado. No paramos de beber hasta que vimos que ya era tarde y que la amiga de mi prima se iba para casa un poco fastidiada por el alcohol.

       Nuevamente sin rumbo, y ya con unas cuantas copas de vino que nos habiamos tomado en unas cuatro horas sentados, decidimos ir a cenar a una pizzería cerca de mi casa para seguir lo que habiamos empezado. Parecía que no queriamos terminar ese día por el orgullo de habernos quedado sin entrada para esa proyeccón. Envalentonados los dos y cada vez con más patosidad en nuetras conversaciones, elejimos las pizzas que van acompañadas de una buena botella de vino siciliano, por si todavía nos quedaba algo de sed.

       Al terminar de cenar, decidimos tomar otra en un loca llamado Ambiente del Sur, dónde con malas miradas de los camareros y del personal del bar al ver que despúes de tomarnos un Gintónic y con poco habilidad no consigo sacar tabaco porque hay mesas en medio porque que estaban recogiendo, nos fuimos nuevamente sin rumbo. Llebábamos una inercia que no era normal. Sabíamos que las amigas de mi prima estaban en esa discoteca y mi prima no paraba de decir que teníamos que ir, que no pasaba nada. Al que yo le contestaba que sería mejor no ir, que no sería bueno. Le decía eso, pero sentia que tenía ganas de verla y de besarla. Quería decirle que la hechaba de menos, que hubiera preferido estar con ella ese viernes antes de cualquier otra cosa.  Creo que me deje arrastrar por mi prima por el deseo de verla de nuevo.

       No recuerdo muy bien como llegamos, creo que cojimos un taxi. Nos plantamos allí con un pedo descomunal, no podíamos pronunciar nada, y menos conversar. Eso si, recuerdo su mirada. La vi hablando con un chico, y me sentí mal. La saludé con un lijero movimiento de cabeza, y pensé que había sido un error haber ido allí. Al momento vi como su amiga le dice algo al oido, y al intentar centrarme para coger fuerzas e ir a saludar con algo más de claridad, las pierdo de vista. Pensé que mejor, así no tendría que hacer el ridículo al intentar hablar con ella. Me puse algo más tranquilo y me puse a fumar dentro del local. A la segunda calada me cojen del brazo y me dicen que allí no se podía fumar, y que debía abandonar el local.

      Estaba muy borracho, no recuerdo dónde fuí, se que estube al lado de la discoteca intentando despejar mi cabeza y desnublar mis pensamintos y mis ojos, pero no se me iba. Se que andé una manzana para intentar entrar en un estado algo más sano, pero no fué así. Pasaron unos trainta minutos hasta que el portero decidió dejarme entrar de nuevo. La busqué. Pero no la vi más.

     Después de dejar a mi prima hablar con algun chico, me acerco para decirle queme marxo. Ella al ver que se quedaba sola, me acompaña. Cojimos las chaquetas del guardarropía. Miro mi móvil. Seis llamadas perdidad y casi sin bateria. Las llamadas eran de ella. Pensaba que quería verme también, que quería besarme. Pero había un mensaje instantanio que decia:
- Se acabó. Hemos roto el pacto. Hasta aquí hemos llegado.- No me lo podía creer, estaba demasiado borracho como para asumir esos mensajes. Me decía que todo había terminado. Que ya no nos veríamos más!Se lo expliqué a mi prima. Tampoco se lo creía, y entonces vi en sus ojos que me daba la razón, que no teníaimos que haber ido allí.
- Llamala! - Me dijo desesperada. Y la llamé:

-Hola.Que pasa?- Le dije preocupado
-Ya está, hasta aquí. No nos veremos más. No puedo verte más.- La noté angustiada, harta y convencida de sus palabras.
-Pero porque? Que te pasa? Te has enfadado porque hemos venido?- No entendía porque no quería verme más, estaba escolocado por completo.
-No, déjalo. No es por eso, pero me he dado cuenta de que ya no puedo verte más.- Suspiraba.
-Pero porque? No te entiendo?- Insistí.
-Porque si, no insistas. Se acabó.- y tras algunas frases más, se me apago el móvil. Sin batería.

Recuerdo que fué algo así, y que sentí que la había cagado. Que si la perdía esa noche era por haber ido allí, me sentiría culpable por haber ido, porque la podía perder, y no quería perderla. Sentí que si la perdía, no podría soportar el vacio que supondría, necesitaba seguir conociéndola, necesitaba que se diera cuenta de que era algo más para mi. No sabía como decirselo, así que cogí el movil de mi prima y la llamé para decirle otra vez que no entendía nada, que quería que me lo explicara a la cara para entenderla mejor. Y así fué. Quedamos en el anden del metro para aclararlo todo.

           Al llegar, la vi tensa y entrecojida, estaba nerviosa y angustiada, no la había visto nunca de esa manera, y realmente pensé que algo ni iba bien. Empezó a decirme que ya no podíamos vernos más, que se estaba enamorando de mi, y que no quería aenamorarse porque no quería sufrir. No la entendía, nunca había imaginado que alguien pudiera pensar en dejar a alguien por enamorarse de ella, y más pudiendo ser correspondida. Pero estaba convencida de que tenía que ser de esa manera, porque sería más fácil para los dos, y que de esa manera ninguno sufriría. No sabía que decirle, y no podia aguantar pensar que la tenía allí delante, y que si la tocaba se derrumbaría más, no le podía hacer eso. No podía aprovecharme de ella en esa situación, lo único que quería era decirle que teníamos que seguir viéndonos porque yo también había empezado a sentir algo. Pero ella no estaba dispuesta a sentir más, no quería pasar a otro pacto, el de sentir abiertamente sin miedos y sin muros. Pero tampoco me salieron las palabras para hacerle entender lo que sentía, estaba demasiado bebido y descolocado como para ser coherente en ese momento, me sentía mal por verla triste y dolorida. En una ocasión me abrazo porque estaba llorando, y luego me besó. Fué el primer besó que sentí con amor. Los anteriores a ese estaban privados por un pacto, no eran del todo sinceros y puros como ese, excepto alguno que si lo parecía. En esas horas que estubimos juntos en ese pasillo del metro, sentí como nos sinceramos en más de una vez, sin hacer caso a ningun pacto, y sin muros. La vi reir en algun otro momento, y todavía me daba más fuerzas para retenerla, y le hice entender que teníamos que seguir viéndonos, que eso no podía acabar allí y de esa manera, que nos mereciamos y que nos entendiamos. Ella aceptó y me dijo que si que podiamos seguir viendonos. Me alegré al pensarque había entrado en razón y que nos volveriamos a ver. Nos despedimos con un "nos vemos" en el vagón. Y me bajé.

        Al día siguiente quedé con mi prima para darle su móvil y para comentar lo mal que hicimos en ir allí y lo borrachos que nos pusimos. Estaba enfadado con ella por haber llegado en esa situación, pero no lo podia estar, era también culpa mia.

       Ese mismo día la escribí, y me dió a entender que realmente el "nos vemos" en el vagón, fué un "adiós", y que seguia en sus cauces de no volverme a ver. Seguía sin entenderla, y me sentía engañado y enfurecido por esa farsa de despedida:
-Si lo se te acompaño hasta tu parada! - Le dije en un momento de ira, y ella me decía que se acabó.

     Solo fueron dos días sin ella, pensaba que ya la había perdido para siempre, que ya no la veria más! Nunca más! No lo podía soportar, me dol´´ia demasiado el vacio que me producia pensar en no volver a verla y a mirarla, ni acariciarla una vez más. Se me hizo una montaña, pensaba en que ya no la vería más. No sabía que hacer. Me pase dos días encerrado en mi habitación llorando. Quería que entendiera que la necesitaba y que no podia estar sin ella. Tenía una lista dónde apuntaba lo que deciamos que queriamos hacer juntos, viajes, cenas, juegos sexuales, y algo más. La cogí y la leí una y otra vez hasta que mis lagrimas ya no podían dejarme ver lo que había escrito. Me sentía triste y perdido.

     Le dije que para mi eso no había sido una despedida, que me había engañado y que debíamos espedirnos mejor. Acepto en quedar, y en que sría la última vez, como despedida.

     Quedamos al día siguiente. Al saber que la vería, me envalentoné y escribí en el poco espacio que quedaba lo que sentía. Lo escribí pensando en darselo el día siguiente. Decía lo siguiente:

- Me hacia mucha ilusión hacer todo esto contigo. Solo quiero que sepas que yo también siento algo por ti pero tengo que respetarte y aceptar tu decisión. Solo deseo que seas feliz y que nunca te olvidaré.

Creo que fué algo así, no lo recuerdo muy bien.

       Quedamos al día siguente, ese día no nos dimos ni un beso al vernos. Me sentía triste, solo, perdido y vacio aún teniendola allí. No sabía como aprovechar ese último momento con ella, le dije que podíamos hacer cualquier cosa como desespero para hacerle ver que no solo la queria para mi cama, que me gustaría hacer mil cosas con ella sin miedo a perderla. Pero fuimos a mi piso de nuevo, no sabía como decírselo.

      Esa tarde hicimos el amor, me pareció que al ser el último día me besaba aún con más ganas y sin frenar sus sentimientos, como para sacarlos y no quedarse nada adrentro. Me sentí mal al terinar, no me podía creer que esa fuese la última vez que estubiesemos juntos. Me preguntó que si estaba bien cuando terminé, y no me salió nada. Me sentía vacio.

       Al despedirnos, me dijo que sentía algo hacia mi, que no quería hacerse daño, y que era mejor dejarlo así:
-Tienes algo que objetar?- Le dije que no. Que no!! Seré subnormal. Pero si lo tenía a huevo, le podia haber dicho otra gilipollez, pero un no! . Se quedo callada y me dijo:

- Lo ves como no es tan dificil? - Me dijo vacilando, como si le hubiera dicho: - Mira si, tienes razón, para mi eres solo un coño con patas. - Como si me dara igual todo y ella. Me sentí bloqueado, sin palabras y sin saber como expresar lo que sentía. Estaba completamente ofuscado.
-Me estas vacilando?- Le dije enfadado. Y seguidamente nos marxamos.

      La acompañe hasta el metro para despedirme de ella. Nos abrazamos como nunca lo habíamos hecho. Nos sentimos aún más compenetrados y unidos. Sentí que la necesitaría más, y que me causaría mucho dolor no tenerla a mi lado. Le puse la nota en el pantalón  como último recurso desesperado y le dije:
- Leetelo en el tren. - Yse marxó.

Minutos después veo en el móvil que hay un mensaje de ella, al que dice:

- Joder. Me siento descolocada. -