miércoles, 15 de mayo de 2013

1_Nada claro

No tenía ganas de nada, los días pasaban con la agonía de llevar en mis ojos unas gafas mal graduadas que ya hacía años que tenía y que, por una mala racha, tenía que llevar todos los días. No te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes, y hechaba de menos la comodiad y seguridad que me daban mis lentes de contacto blandas.

           Cuando mi prima me propuso que si quería ir a cenar con unas amigas suyas:
- Les gusta mucho beber, nos lo pasaremos bien! - Me dijo casi convencida. Yo en aquel momento de mi vida me sentia apagado y con más bien pena en mi interior No estaba pasando una buena época. Todo me resultaba difícil. Pasaba los días como si atravesara el desierto en pleno verano. Pero creo que mi orgullo interior me hacía hacer lo que no tenía ganas, por supervivencia propia, y sin pensarlo le dije que si.

           El día de la cena tenía que recoger mis nuevas gafas graduadas, me las hice solo una semana antes de la cena con las amigas de mi prima, y mi prima. Me las hice con la previsión de tenerlas a punto ese día, me propuse no ir a la cena si no tenía mis nuevas gafas. Con las viejas, de 2 dioptrías menos, no veia muy bien y me sentía estupido. Pero para mi sorpresa las tube para ese día. Creí que era buena noticia, pense que tenía que estar contento por tenerlas justo a tiempo, pensé que almenos tenía una alegría por tener las gafas en el tiempo previsto. Lo pensé hasta que me las puse.

             Los viernes termino de trabajar a las 15 horas. Quedé ese día con mi cunyado a las 6 de la tarde en la estación de Barberá para recojer las gafas. Llegué puntual, ya me estaba esperando:

- Hola, como estas! Toma, tus gafas. Pruévatelas.-
Me las puse con ganas, quería retirar a mis viejas gafas de una vez. Al ponermelas, sentí un ligero mareo al observar mi alrededor. Hice un gesto para recolocarmelas, como si me las hubiera puesto mal, o del revés:

- Creo que no estan bien graduadas.- Le dije a mi cunyado.
- Tu crees? Ya te acostumbraras, esto pasa al principio hasta que no te adaptas a tu nueva visión - Me dijo no con mucho convencimiento. Me lo medio creí, no podía hacer mucho más.

              Me dispuse a cojer el siguiente tren. Me sentía como si fuera la primera vez que estaba en esa estación, habían más colores, podía ver a la gente del otro anden con demasiada claridad, con detalle leí casi todos los carteles que habían, creí que si que estaban bien graduadas, que era una tontería la primera impresión que había tenido, me casi convencí hasta que me mire las manos y los pies. Me volví a marear.

              Me dió la impresión de que era más pequeño que antes, mis pies estaban a otra distancia, no calculaba bien los pasos si me disponía a andar mirandome los pies, me preocupé. Como podía ser? No lo entendía, emprece a pensar en el día que hice la graduación de las gafas. Y si no lo hice bien? Y si me equivoque al decir con que vidrio veia mejor?

              No entendía porque me estaba pasando eso, no tenía ganas de seguir pasando un mal momento con el añadido de llevar una gafas mal graduadas. Me vinieron a la cabeza dos posibilidades. La primera fué la de no ir a la cena con esas gafas. La segunda era la de volver a hacerme una revisión ocular.

             Sin pensar mucho en las pocas ganas que me apetecía aquella cena, me puse algo arreglado para salir, unos tejanos, una camiseta nueva que me había comprado, y un jersey. Nada complicado.

             Llegué el último. Me estaban esperando. Empecé a ponerme nervioso. Nunca se me han dado bien las presentciones y conocer a gente nueva. Me siento estupido con las conversaciones poco interesantes y triviales, no se me dan bien, se me nota demasiado que no me interesa, pierdo el hilo, no me integro y me disperso del momento. Lo que me faltaba.

           Mi prima se dispuso a presentarme. Me sentí como siempre me pasa en los primeros encuentros, bobo y con una sonrisa estupida gravada en mi rostro:

- Hola! Que, preparadas para emborracharnos? - Es lo primero que me salió de la cabeza. Pensé en lo estupido que podía llegar a ser sin proponermelo, y más estupido me sentí cuando me ignoraron por completo y siguieron fumando. Me sentí como si todavía no hubiese llegado, o como si no tubieran gnas de conocerme, como si les diera igual mi presencia. Pensé que eran un poco estupidas, pero tambien pensé que a lo mejor ellas tampoco se sentían cómodas.

          Nos adentramos al restaurante, estaba cansado y no tenía ganas de presenciar una magnifica conversación de chicas contra fantasma. Pensé que almenos tendría suerte y no me sentaría donde no tienes más vista que una pared y que constantemente tienes que girar la cabeza para evadir tu mirada y poder descansar la vista, no fué así. No tube casi ningun momento en el que pudiera desconectar del mundo, sin escuchar, sin ponerle atención a nada, ni de lo que miras. Solo quería sentirme bien, ver bien, estar cómodo, contento, bien acompañado y a gusto. Supongo que era pedir demasiado. Encontré una manera en el que todo lo mencionado se juntaba en pocos segundos. En un breve momento. Ese momento se repitió varias veces aquella noche. Desee ese momento toda la cena. Ese momento no era más que poner mis labios en contacto con el vaso lleno de sangría y a bebermela tranquilamente, sin prisas, degustándola y disfrutando de ella.  Por fin, un momento de paz.















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