viernes, 24 de mayo de 2013

5_Mala inercia

Seguimos hablando todas las noches recordando esa noche de hotel tan increible, seguimos conociendonos más en todos los aspectos y decidimos quedar más a menudo para poder disfrutarnos como lo habíamos hecho ese día. Ibamos quedando un par de días a la semana como mucho, y me parecían poco.

      En uno de esos días recuerdo haber tenido una conversación telefónica más sincera hablando de lo que sentíamos. Una conversación a la cual ella cortó de primeras, y comentó que lo nuestro solo era por sexo, que si en algun momento alguien empezaba a sentir alguna cosa, que lo dejaríamos. Claramente acepté, ese comentario no aceptaba ninguna condición más por lo seguro que me pareció. Sentí que la engañaba, que aceptaba su propósito sin ningun problema e incluso intenté convencerme de que era verdad, que si sentiamos algo podíamos llegar a hacernos daño. Pero yo ya sabía que me gustaba, sabía que algo había despertado en mi, que era cuestión de seguir sus pactos para seguir viéndola y hacerle creer que aquello para los dos solo era sexo.

        La fuí viendo cada semana, y cada encuentro era más especial que el anterior. La descubría cada vez que estaba con ella. Cada día era diferente y más intenso. Creía conocerla a la perfección hasta que seguía descubriendo nuevas zonas de su cuerpo en cada encuentro. Empezaba a cumplir alguno de mis sueños sexuales de toda mi vida, sueños que creí que nunca se me iban a cumplir. Empecé a darme cuenta de que estabamos a la misma altura, de queen la cama eramos similares, de que todavia teníamos mucha curiosidad por apagar. Me daba tanto placer que solo deseaba verla por sentirla de nuevo y disfrutarla mas aún.

         Todo parecía ir segun lo pactado.Bueno. Casi todo.

         Habían esos momentos que hacían esos encuentros más especiales. Esos momentos en que estabamos los dos en la cama reposando y hablando de nuestras cosas, con normalidad. Pero había algo que no entraba sobre lo pactado. Habían momentos en que los dos nos quedabamos callados mirándonos fijamente. Se me paraba el tiempo. Me pasaría toda la vida mirando esos ojos dónde reflejan un alma tan inocente y buena. Me gustaba cada vez más. Esos momentos eran mágicos para mi, necesitaba mirarla más allá de lo superficial del roce de nuestros cuerpos, necesitaba que conectara conmigo de alguna manera para que viera que podíamos darnos una oportunidad y pasar de ser unos conocidos con un pacto sexual, a conocernos de verdad y expresar nuestros sentimientos. Necesitaba sentirme querido y que me diera cariño. En esos momentos alguna vez cuando al mirarla fijamente durante unos tres segundos y exclamarme un QUE! , yo le respondía que nada. Abajaba la mirada y seguia en mi modo señor frio que tanto me caracteriza. No podía decirle lo que sentía, era demasiado arriesgado y podía perderla. Me conformaba con algun beso extra que le salía, y algun beso que me daba cuando no la miraba. Con eso tenía que acallar a mi ser, todo lo que necesitaba de su cariño.

       Ese viernes no quedamos. Había quedado para salir con una amiga esa noche. Me dijo que irian a la discoteca donde nos dimos el primer beso. Cosa que pensé que a lo mejor podría pasarme para verla, pero me lo quité de la cabeza. Demasiado arriesgado.

      To be or not to be, era la proyección que ibamos a ver mi prima y yo ese viernes a las seis de la tarde. Nos gustaban las películas antiguas en versión original, y más con compañia. Fuímos antes de entrar a tomar algo para saciarnos un poco, ya que ninguno de los dos había comido y teníamos algo de hambre. Tranquilamente y confiados, aunque algo justos de tiempo, fuímos hacia el local de proyecciónes, dónde nos sorprendimos cuando el vendedor de entradas nos dijo que solamente quedaba una plaza para esa sesión, que ya estaba todo ocupado. Para nuestra desilusión nos marchamos sin rumbo de allí. Nos marchamos sin saber que hacer, así que decidimos a tomar algo en una calle muy frecuentada. Empezamos a beber y quedamos con una amiga de mi prima muy simpática que se apuntó a nuetro plan improvisado. No paramos de beber hasta que vimos que ya era tarde y que la amiga de mi prima se iba para casa un poco fastidiada por el alcohol.

       Nuevamente sin rumbo, y ya con unas cuantas copas de vino que nos habiamos tomado en unas cuatro horas sentados, decidimos ir a cenar a una pizzería cerca de mi casa para seguir lo que habiamos empezado. Parecía que no queriamos terminar ese día por el orgullo de habernos quedado sin entrada para esa proyeccón. Envalentonados los dos y cada vez con más patosidad en nuetras conversaciones, elejimos las pizzas que van acompañadas de una buena botella de vino siciliano, por si todavía nos quedaba algo de sed.

       Al terminar de cenar, decidimos tomar otra en un loca llamado Ambiente del Sur, dónde con malas miradas de los camareros y del personal del bar al ver que despúes de tomarnos un Gintónic y con poco habilidad no consigo sacar tabaco porque hay mesas en medio porque que estaban recogiendo, nos fuimos nuevamente sin rumbo. Llebábamos una inercia que no era normal. Sabíamos que las amigas de mi prima estaban en esa discoteca y mi prima no paraba de decir que teníamos que ir, que no pasaba nada. Al que yo le contestaba que sería mejor no ir, que no sería bueno. Le decía eso, pero sentia que tenía ganas de verla y de besarla. Quería decirle que la hechaba de menos, que hubiera preferido estar con ella ese viernes antes de cualquier otra cosa.  Creo que me deje arrastrar por mi prima por el deseo de verla de nuevo.

       No recuerdo muy bien como llegamos, creo que cojimos un taxi. Nos plantamos allí con un pedo descomunal, no podíamos pronunciar nada, y menos conversar. Eso si, recuerdo su mirada. La vi hablando con un chico, y me sentí mal. La saludé con un lijero movimiento de cabeza, y pensé que había sido un error haber ido allí. Al momento vi como su amiga le dice algo al oido, y al intentar centrarme para coger fuerzas e ir a saludar con algo más de claridad, las pierdo de vista. Pensé que mejor, así no tendría que hacer el ridículo al intentar hablar con ella. Me puse algo más tranquilo y me puse a fumar dentro del local. A la segunda calada me cojen del brazo y me dicen que allí no se podía fumar, y que debía abandonar el local.

      Estaba muy borracho, no recuerdo dónde fuí, se que estube al lado de la discoteca intentando despejar mi cabeza y desnublar mis pensamintos y mis ojos, pero no se me iba. Se que andé una manzana para intentar entrar en un estado algo más sano, pero no fué así. Pasaron unos trainta minutos hasta que el portero decidió dejarme entrar de nuevo. La busqué. Pero no la vi más.

     Después de dejar a mi prima hablar con algun chico, me acerco para decirle queme marxo. Ella al ver que se quedaba sola, me acompaña. Cojimos las chaquetas del guardarropía. Miro mi móvil. Seis llamadas perdidad y casi sin bateria. Las llamadas eran de ella. Pensaba que quería verme también, que quería besarme. Pero había un mensaje instantanio que decia:
- Se acabó. Hemos roto el pacto. Hasta aquí hemos llegado.- No me lo podía creer, estaba demasiado borracho como para asumir esos mensajes. Me decía que todo había terminado. Que ya no nos veríamos más!Se lo expliqué a mi prima. Tampoco se lo creía, y entonces vi en sus ojos que me daba la razón, que no teníaimos que haber ido allí.
- Llamala! - Me dijo desesperada. Y la llamé:

-Hola.Que pasa?- Le dije preocupado
-Ya está, hasta aquí. No nos veremos más. No puedo verte más.- La noté angustiada, harta y convencida de sus palabras.
-Pero porque? Que te pasa? Te has enfadado porque hemos venido?- No entendía porque no quería verme más, estaba escolocado por completo.
-No, déjalo. No es por eso, pero me he dado cuenta de que ya no puedo verte más.- Suspiraba.
-Pero porque? No te entiendo?- Insistí.
-Porque si, no insistas. Se acabó.- y tras algunas frases más, se me apago el móvil. Sin batería.

Recuerdo que fué algo así, y que sentí que la había cagado. Que si la perdía esa noche era por haber ido allí, me sentiría culpable por haber ido, porque la podía perder, y no quería perderla. Sentí que si la perdía, no podría soportar el vacio que supondría, necesitaba seguir conociéndola, necesitaba que se diera cuenta de que era algo más para mi. No sabía como decirselo, así que cogí el movil de mi prima y la llamé para decirle otra vez que no entendía nada, que quería que me lo explicara a la cara para entenderla mejor. Y así fué. Quedamos en el anden del metro para aclararlo todo.

           Al llegar, la vi tensa y entrecojida, estaba nerviosa y angustiada, no la había visto nunca de esa manera, y realmente pensé que algo ni iba bien. Empezó a decirme que ya no podíamos vernos más, que se estaba enamorando de mi, y que no quería aenamorarse porque no quería sufrir. No la entendía, nunca había imaginado que alguien pudiera pensar en dejar a alguien por enamorarse de ella, y más pudiendo ser correspondida. Pero estaba convencida de que tenía que ser de esa manera, porque sería más fácil para los dos, y que de esa manera ninguno sufriría. No sabía que decirle, y no podia aguantar pensar que la tenía allí delante, y que si la tocaba se derrumbaría más, no le podía hacer eso. No podía aprovecharme de ella en esa situación, lo único que quería era decirle que teníamos que seguir viéndonos porque yo también había empezado a sentir algo. Pero ella no estaba dispuesta a sentir más, no quería pasar a otro pacto, el de sentir abiertamente sin miedos y sin muros. Pero tampoco me salieron las palabras para hacerle entender lo que sentía, estaba demasiado bebido y descolocado como para ser coherente en ese momento, me sentía mal por verla triste y dolorida. En una ocasión me abrazo porque estaba llorando, y luego me besó. Fué el primer besó que sentí con amor. Los anteriores a ese estaban privados por un pacto, no eran del todo sinceros y puros como ese, excepto alguno que si lo parecía. En esas horas que estubimos juntos en ese pasillo del metro, sentí como nos sinceramos en más de una vez, sin hacer caso a ningun pacto, y sin muros. La vi reir en algun otro momento, y todavía me daba más fuerzas para retenerla, y le hice entender que teníamos que seguir viéndonos, que eso no podía acabar allí y de esa manera, que nos mereciamos y que nos entendiamos. Ella aceptó y me dijo que si que podiamos seguir viendonos. Me alegré al pensarque había entrado en razón y que nos volveriamos a ver. Nos despedimos con un "nos vemos" en el vagón. Y me bajé.

        Al día siguiente quedé con mi prima para darle su móvil y para comentar lo mal que hicimos en ir allí y lo borrachos que nos pusimos. Estaba enfadado con ella por haber llegado en esa situación, pero no lo podia estar, era también culpa mia.

       Ese mismo día la escribí, y me dió a entender que realmente el "nos vemos" en el vagón, fué un "adiós", y que seguia en sus cauces de no volverme a ver. Seguía sin entenderla, y me sentía engañado y enfurecido por esa farsa de despedida:
-Si lo se te acompaño hasta tu parada! - Le dije en un momento de ira, y ella me decía que se acabó.

     Solo fueron dos días sin ella, pensaba que ya la había perdido para siempre, que ya no la veria más! Nunca más! No lo podía soportar, me dol´´ia demasiado el vacio que me producia pensar en no volver a verla y a mirarla, ni acariciarla una vez más. Se me hizo una montaña, pensaba en que ya no la vería más. No sabía que hacer. Me pase dos días encerrado en mi habitación llorando. Quería que entendiera que la necesitaba y que no podia estar sin ella. Tenía una lista dónde apuntaba lo que deciamos que queriamos hacer juntos, viajes, cenas, juegos sexuales, y algo más. La cogí y la leí una y otra vez hasta que mis lagrimas ya no podían dejarme ver lo que había escrito. Me sentía triste y perdido.

     Le dije que para mi eso no había sido una despedida, que me había engañado y que debíamos espedirnos mejor. Acepto en quedar, y en que sría la última vez, como despedida.

     Quedamos al día siguiente. Al saber que la vería, me envalentoné y escribí en el poco espacio que quedaba lo que sentía. Lo escribí pensando en darselo el día siguiente. Decía lo siguiente:

- Me hacia mucha ilusión hacer todo esto contigo. Solo quiero que sepas que yo también siento algo por ti pero tengo que respetarte y aceptar tu decisión. Solo deseo que seas feliz y que nunca te olvidaré.

Creo que fué algo así, no lo recuerdo muy bien.

       Quedamos al día siguente, ese día no nos dimos ni un beso al vernos. Me sentía triste, solo, perdido y vacio aún teniendola allí. No sabía como aprovechar ese último momento con ella, le dije que podíamos hacer cualquier cosa como desespero para hacerle ver que no solo la queria para mi cama, que me gustaría hacer mil cosas con ella sin miedo a perderla. Pero fuimos a mi piso de nuevo, no sabía como decírselo.

      Esa tarde hicimos el amor, me pareció que al ser el último día me besaba aún con más ganas y sin frenar sus sentimientos, como para sacarlos y no quedarse nada adrentro. Me sentí mal al terinar, no me podía creer que esa fuese la última vez que estubiesemos juntos. Me preguntó que si estaba bien cuando terminé, y no me salió nada. Me sentía vacio.

       Al despedirnos, me dijo que sentía algo hacia mi, que no quería hacerse daño, y que era mejor dejarlo así:
-Tienes algo que objetar?- Le dije que no. Que no!! Seré subnormal. Pero si lo tenía a huevo, le podia haber dicho otra gilipollez, pero un no! . Se quedo callada y me dijo:

- Lo ves como no es tan dificil? - Me dijo vacilando, como si le hubiera dicho: - Mira si, tienes razón, para mi eres solo un coño con patas. - Como si me dara igual todo y ella. Me sentí bloqueado, sin palabras y sin saber como expresar lo que sentía. Estaba completamente ofuscado.
-Me estas vacilando?- Le dije enfadado. Y seguidamente nos marxamos.

      La acompañe hasta el metro para despedirme de ella. Nos abrazamos como nunca lo habíamos hecho. Nos sentimos aún más compenetrados y unidos. Sentí que la necesitaría más, y que me causaría mucho dolor no tenerla a mi lado. Le puse la nota en el pantalón  como último recurso desesperado y le dije:
- Leetelo en el tren. - Yse marxó.

Minutos después veo en el móvil que hay un mensaje de ella, al que dice:

- Joder. Me siento descolocada. -























          
































4_Clark Kent


Pasaban los días y después de esa noche de película queriamos más, como si lo que habiamos vivido no hubiera sido nada, necesitabamos estar el uno con el otro con un deseo cada vez más grande. Finalmente quedamos para vernos en un hotel un viernes por la tarde hasta la mañana siguiente.

         Lo habíamos planeado todo para que ese encuentro fuera para librarnos del deseo que nos teníamos el uno al otro, queríamos sentirnos horas y horas como lo hubiesemos hecho después de cada beso que nos habiamos dado antes, y saciarnos de placer hasta que nuestros cuerpos no pudieran más.

        Recuerdo que deseaba que llegara el día con muchas ganas, y ese día estaba nervioso por como podía ir todo. Aún la veo venir hacia mi cuando la estaba esperando reposado en un arbol de esa plaza. Parecía segura de si misma, directa, seria, con unas gafas de sol Sheriff que no le había visto, que le daban un aire más salvaje. Se quitó los cascos de sus orejas, y sin poder contestarle a su hola me dió un beso en los labios con tantas ganas que me dejó claro para que habíamos quedado.

       Andando hacia el hotel, recuerdo sentirme mareado y aturdido por el saludo que me dió, me sentía extrañamente deseado y no creia lo que me estaba pasando. Estaba nervioso cuando todavía tubimos que inscribir al registro del hotel su nombre y subiamos al hotel hablando como si nada estubiera ocurriendo. Finalmente entramos a la habitación.

       Al soltar mi chaqueta y mirarla, veo como envalentonada y casi con desespero se hacerca hacia mi con los brazos abiertos y abrazandome para besarme y dar rienda suelta a todo el deseo acumulado durante tanto tiempo. Teníamos muchas ganas de vernos y de estar allí, juntos. En el momento en que me besó pasó todo el nerviosismo que venía sintiendo desde la mañana de ese día. Se entregó tanto a mi que me sentí colapsado por momentos, eso para mi no era normal, no había vivido nunca un momento como ese.

        Nos besabamos apasionadamente y cada vez con más intensidad, como si nos hubieramos necesitado toda la vida, como si ese momento que estabamos viviendo juntos lo hubieramos soñado en los mejores de nuestros sueños y verlo superado para vivirlo ese día. Sin miedos, sin frenos, sin frio, sin pensar en nada más que en liberar toda nuestra pasión y deseo. Nuestra atracción cada vez era más grande a cada gesto, a cada caricia que nos dabamos, a cada mirada que tubimos. Eramos dos desconocidos que parecía que nos hubieramos estudiado para darnos placer ese día, como si lo que más nos importara fuera que el otro sintiese más, y competir hasta el final. Recuerdo que perdí la cuenta. Pensaba que cada vez que lo haciamos se apagaría el deseo de sentirla y se acabarian mis ganas. Pero no fué así, la deseaba tanto que no sentí en ningun momento el no poder más, el no sentir en darle más placer, no podía parar de disfrutarla y explorar su cuerpo con mis manos, con mi lengua, con mis ojos. Descubriendo cada rincon de su cuerpo, acariciando sus partes más intimas con delicadeza y atención, fijandome en sus gestos a cada movimiento que hacía para ver si lo disfrutaba, si se sentía bien. Estaba con ella como si nunca hubiera visto a ninguna mujer, sentía mucha curiosidad por descubrir todos sus puntos sensuales, quería darle placer y que lo disfrutara tanto como verla disfrutar a ella. Verla gemir y mirarla a los ojos era todo para mi en ese momento Por fin la veía disfrutar de mi como tanto me había dicho y tanto habíamos deseado los dos. Fué intenso, apasionado, desenfrenado. Increible.

       Después de unas cuantas horas de sexo y de una ducha, fuimos a comer algo para recuperar fuerzas. Ese día llevaba encima un resfriado de invierno que me fastidió el sentirme más a gusto conmigo mismo, pero lo ignoré por momentos. Llevaba algun sobre para tratarlo y sentirme un poco mejor, más si cabe. Fumos hacia el centro para buscar un sitio donde sentirnos bien y comer algo simple, nada cmplicado; unas pizzas de verduras, una copa de vino para mi, una cerveza para ella y una tapa de patatas bravas como complemento extra.

       Estubimos hablando a gusto, ella me contaba que había estado viviendo un año en Londres y que trabajó en un pub. La vi sincera y sin tapujos, cómoda, parecía pasar un rato agradable con un desconocido y estar a gusto. Me pareció un poco incómoda por momentos, pero lo normal pensé. Me pareció una chica muy interesante. Me pareció culta, con muchas vivencias y viajes, curiosa, con la que se podía hablar de todo, con la que se puede tener una conversación agradable y poder escucharla sin aburrirte y que te respetara al hablar, carismatica, expresiva, simpàtica, con sentido del humor y inteligente. Me hizo sentir muy a gusto, como hacía mucho tiempo que no me sentía, a pesar de mi resfriado tan inoportuno.

       Nos fuimos a tomar una copa en la terraza de otro bar. Nos tómamos unos Gintónics que tanto nos gustaban a los dos. Hizo gala de su entendimiento en el tema y me sentí nuevamente abducido por sus explicaciones y opiniones al respeto. Me fascinaba como contaba las cosas, con ilusión y seguridad, me hacía sentir como en el cine, como si estubiera viendo un musical de los años setenta protagonizado por la mismísima Susan Sarandon. Me hizo sentir como un niño inocente al que le brillan los ojos de la ilusión, y hubiera estado hablando con ella horas y horas, pero el resfriado y el frio que tenía, me hizo tener que decirle que mejor sería irnos, porque empezaba a temblar demasiado.

      Creo que si nos hubieramos llevado algo para comer al hotel no hubieramos salido de allí. Tenía tantas ganas de volver a estar con ella en la cama que pensaba que me estaba volviendo loco, que esa atracción que me transmitía no podía ser normal. Todavía la deseaba mucho, quería llegar al hotel para seguir lo que habíamos dejado unas horas antes. Necesitaba volverla a sentir y ver su cuerpo, tan erótico y joven, con tanta sensibilidad, con esos pechos que tanto había deseado volver a ver. Empezaba a sentir demasiada atracción, y esto me preocupó. Habiamos quedado solo para acostarnos y para disfrutarnos mutuamente.

      Después de hacerlo dos veces más, y haberle quitado el pijama de la abeja Maya que tanto me provocó, nos quedamos dormidos por el agotamiento. Me abrace a ella por la espalda como si necesitara sujetarla para que no se fuera.

      Me despertó a media noche por un sobresalto que tubo durmiendo. La abracé por detras para tranquilizarla:
- Shsssss, no pasa nada. Ya está. Tranquila. Va, acuestate. Shsssss. - Me bastó para tranquilizarla unos cuantos besos en su pelo y un abrazo para que supiera que alguien estaba a su lado. No me pareció más que un sobresalto a medio sueño. Nada extraño, pero valió para darle cariño. Fué un momento dulce para mi, y vi que ese cariño que le había dado en ese momento, era porque esa chica estaba empezando a gustarme más allá del deseo carnal, y sirvió para darme cuenta que esa chica empezaba a ser especial para mi.

      Nos despertamos:
- Estas despierta?- Le dije susurrando bajito.
- Si. - Me dijo. Y se giró para ponerse de frente a mi. Y después de darme los primeros buenos días en directo desde que nos habiamos conocido, volvimos a disfrutarnos nuevamente. Incluso nos duchamos al mismo momento como si todabía tubieramos que descubrir nuestros cuerpos. Como si en posición vertical fuesemos diferentes. Pero fué un momento mágico, tenerla allí en la misma bañera, desnuda, mojada, contenta, relajada, extasiada, realizada, cómoda y disfrutando del momento conmigo. Conmigo! En ese momento me di cuenta de lo feliz que estaba por haberla conocido y de disfrutar ese momento junto a ella. Más incluso cuando estabamos en la cama disfrutándonos, la tenía delante mio. Me resulto preciosa, se mojaba el pelo para atras con los ojos cerrados y quitandose el agua de su boca, recorriendo todo su cuerpo y dejándola mojada entera. Me pareció muy guapa, inocente y feliz.

         Me pagó la parte de la habitación que le correspondia, nos vestimos y fuimos a desayunar juntos a un bar cercano. Me sorprendió que se pidiera un café con hielo, para mi no es de chica normal. Yo me pedí zumo de naranja, café con leche y croassants para los dos. Nos sentamos en la terraza para disfrutar del aire de la mañana y poder fumar. Hablamos poco por lo cansados que estábamos, pero recuerdo unos silencios con miradas cruzadas entre nosotros que parecía estar en el mismisimo paraiso. Me sentí el hombre más afortunado del mundo, como no recordaba haberme sentido.

























lunes, 20 de mayo de 2013

3_Noche de película


Me quedé unos segundos en estado de shock, mi bloqueo mental me duró lo que tardé en pensar que si me había besado era porque a lo mejor se había fijado en mi. No podía pensar nada más que en como poder volver a besarla o almenos intentar acercarme para captar alguna vibración positiva. Buscaba alguna señal que me empujara hacia ella.

          Mi prima estaba con su nuevo amigo Jordi, se olvidó de nosotros como acostumbra a hacer con dos copas de más. Ella se desmarcó un poco, se puso a bailar a unos metros de mi. Me fijé como bailaba. Me pareció que bailaba con la esperanza de que yo hiciese el siguiente paso y que le correspondiera con algún gesto después de lo ocurrido. Lo primero que se me ocurrió fue acercarme a ella para agarrarla para bailar y pocos segundos después nuestras bocas se unieron apasionadamente como si hubiesemos esperado ese beso durante toda nuestra vida. Nos besamos sin parar, con muchas ganas, con nuestros cuerpos abrazados y sin pensar en nada más que disfrutar de ese momento tan inesperado.

          La ví desconcertada, como si estubiera haciendo algo malo, se sentía algo culpable y no paraba de repetir algun pensamiento en voz alta:
- Que estoy haciendo?- o - Esto no es normal en mi- o - Esto no es justo- Le dije que si quería que se podía ir, que si no se sentía a gusto que lo podiamos dejar, pero ella se agarraba a mi con más fueza y con más deseo de besarme y abrazarme. Me sentí muy a gusto con ella, conectamos desde el primer beso y tenía la sensación que nos entendiamos bien, como si hiciera tiempo que ya nos conocieramos.

          Me contó algun detalle privado de su vida, me dió la sensación de que no era feliz, de que su vida no era como le gustaría que fuera. Le conté que tampoco estaba pasando un buen momento, había terminado una relación larga que me estaba costando superar y al que me dejó algo perdido. Me contestó:
-Bienvenido al club. - Entonces vi que realmente no estaba bien tampoco. Me sentí entendido en ese aspecto, aunque parecía despreocupada de lo que le estaba contando de mi vida, total, debía ser uno más en su lista que abandona como si nada.

          Nos costó despedirnos, no queríamos perdernos de vista, nos habíamos sentido demasiado bien como para hacerlo. No podíamos parar de besarnos, de mirarnos, de abrazarnos y acariciarnos, como si tubieramos el presentimiento de no volver a hacerlo hasta mucho tiempo después, de no tener la esperanza de poder volver a encontrar a alguien con esa conexión que hace que todo se más fácil y más especial. Me repetía constantemente que al día siguiente no me acordaría de ella, que seguramente me olvidaría como otra cualquiera, com si lo que hubieramos vivido esa noche era algo normal al que no le damos más importancia que el placer de unos besos y caricias, sin apreciar los gestos delicados de las manos, de sus miradas, de sus abrazos tan especiales, de las sensaciones que capté, de su sonrisa de otro planeta y de su sentido del humor tan similar al mio. No podía permitirme perderla, me sentí demasiado a gusto, cosa que no es normal en mi.

          Le pedí que me diera la dirección de facebook para asegurarme almenos un contacto. No quería olvidarme de ella, había sido demasiado especial para mi como para hacerlo. Me pareció una chica demasiado interesante ,atractiva y agradable como para perderla.

          Al día siguiente no podía pensar en nada más que en ella y en la noche tan rara que pasé. De sentirme a disgusto conmigo mismo, con el mundo y con esas desconocidas, hasta conectar con ellas, y de paso, conectar con todo y al mismo tiempo desconectar del mundo. Empece a pensar como había ido todo después de la cena, de lo bien que lo pasamos y de que había conocido a una chica encantadora que besaba como nunca me habían besado. Así que me acordé de su nombre y lo primero que hice fué buscarla para escribirle y decirle que claro que me acodaba de ella, que si quería que podíamos hablar para seguir conociendonos. Pensé que no querría, que seguramente no tenía espacio para mi en su vida y que para ella no fué tan especial. Pero estaba equivocado y me escribió.

          La escribí cada día con entusiasmo, esperaba que llegara la noche solo para ponerme con el móvil y poder conocerla más. Iba descubriendo cosas de ella, sus gustos, la música que le gustaba, la iba conociendo como persona cada vez más. Me resultó una persona con personalidad, con las ideas claras, interesante, inteligente y sensible. Necesitaba saber de ella.

           No podía parar de recordar e imaginarme mentalmente sus besos y de como me hizo sentir esa noche. Sentía el deseo de volverla a ver después de tantos días y mensajes por el móvil. Quería un reencuentro para ver si lo que creía haber sentido esa noche eran alucinaciones producidas por una combinacion de alcohol, o por lo contrario, la conexión que recordaba haber tenido y lo a gusto que me sentí a su lado, podía repetirse.

           Era un sábado y había quedado con mi prima para ir a ver una película en la filmoteca. Pensé que podía ser una buena ocasión para reencontrarnos. Se lo propuse varias veces ya que me dijo que ese día estaría ocupada con unos amigos durante toda la mañana y parte de la tarde. No perdí la esperanza de que pudiera e insistí unas cuantas veces hasta que supongo que yo por pesado y por no parecer demasiado cabezota ella, cedió. Y si, me pareció cabezota, pensé que a lo mejor la había presionado demasiado en ir y me dió la sensación que no le apetecía demasiado verme ese día.

          Quedamos en el metro Liceu y decidimos encontrarnos allí ya que ella me confessó que tenía mala orientación y podríamos ir juntos hacia la filmoteca. Llegué antes de la hora prevista, estaba nervioso y no podía estar parado esperándola, así que decidí andar un poco por la rambla para hacer tiempo y ,de paso, repasar mentalmente el recorrido de la parada de metro hasta la filmoteca. Volví a subir para esperarla desde un sitio fijo, pero ella ya había llegado. La ví apoyada en una barandilla, su semblante serio e inseguro me hizo pensar que estaba también nerviosa. Ni un gesto de alegria, pero me pareció muy dulce, con una mirada de niña inocente y de inseguridad. La saludé con dos besos. Un hola le bastó para saludarme y empezar el recorrido hasta dónde habíamos quedado. Se me hizo eterno el recorrido, estaba inseguro de mi, no sabía de que hablar con esa chica que tan desconocida me parecía después de una noche de fiesta y de tantos mensajes de móvil. Era extraño porque aunque a veces crees conectar con gente con palabras, luego en la realidad, en el cara a cara, hay tantas sensaciones a percibir que el contexto es tan diferente que te pierdes por momentos y te bloqueas. Me sentía incómodo, empezamos a andar y a sacar temas sin importancia para romper un poco el silencio, que aunque no me moleste, hay veces que crea incomodidad dependiendo de las situaciones donde se produzca. Ese momento que tanto ansiaba con ella, los silencios eran como puñales en mi espalda, me creaban ansiedad y me hacían perder la esperanza de pensar que esa noche también podría ser una noche especial.

          Tomamos algo para hacer tiempo antes de que llegara mi prima, llevabamos unos quince minutos solos y todavía sentía esa incomodidad que tanto detesto, hasta que llegó mi prima y me calmé un poco. Seguidamente entramos a la sala de proyección para ver la película "La tentación vive arriba" con Marilyn Monroe de protagonista. Se sentó a mi lado derecho. Tube tentaciones. Tentaciones de tocarla, de mirarla en la oscuridad para ver su rostro, para ver su sonrisa que solo podía oir, no recordaba habérsela oido esa noche de cena, me pareció preciosa. Tube la tentación de cojerla de la mano, de rozarle los pies con los mios, de pasarle la mano por su muslo, pero solo fueron tentaciones que quedaron allí.

         Al terminar, decidimos ir a tomar algo en un local cercano que mi prima conocía y nos dijo que estaba bien. Nos sentamos en una mesa interior. El local tenía poca luz cosa que a mi me causa seguridad y comodidad. Así que empezamos a hablar de cosas, intenté captarla en algun momento, hablabamos mi prima y yo, ella estaba poco participatiba, no me aguantaba la mirada y pensé que a lo mejor no estaba a gusto y se quería ir. La entendía, esas situaciones en las que te sientes incomodo, inseguro, sin palabras, sin reacción, bloqueado. Las había vivido muchas veces así que no le di importancia. No le di importancia hasta que mi prima nos dijo que se iba. Esa era la oportunidad para quedarnos a solas, para hablar los dos, para captarla ni que fuera un segundo, para conocernos más, para pedirle si quería tomarse otra copa conmigo, así que se lo propuse con éxito.

          Me fuí a pedir dos Gintónics más y mi ignorancia en el tema quedó en evidencia, así que cuando el camarero me preguntó que ginebra quería, le dije sin importancia que quería Beefeter y me los puso con más bien pena. Ella se quedó sola en la mesa, la miré para observar que hacía, estaba inquieta, me acerqué para ofrecerle el Gintónic y me senté a su lado derecho. En ese momento me salió de dentro decirle que estaba muy guapa, porque me lo había parecido, y ella se quedó con cara de sorpresa y le salió una sonrisa irónica. Almenos la vi sonreir y seguimos hablando como pudimos, estabamos torpes por la situación y además había música que impedía oirte bien. En uno de esos momentos ella no escuchó bien lo que le decía y le dije que se acercara. Se acercó tanto que cuando la tube a unos centímetros de mi ya no sabía que era lo que le iba a decir, solo deseaba besarla de nuevo, había esperado provar sus besos demasiados días como para desaprovechar ese acercamiento tan oportuno, así que la besé con la suerte de acertar a sus labios y de sentirme correspondido por ella. En ese momento me sentí mejor, mucho mejor ya que la tensión de esa situación desapareció para convertirse en deseo, en ganas de repetir una y otra vez esos besos que tan bien sabían. Así que nos besamos sin parar e ibamos recordando las anecdotas de la noche de la cena, hablando con menos tensión y sintiendonos menos incomodos y más abiertos.

          Me hacía sentir muy a gusto, cada beso que me daba era mejor que el anterior y más intenso. Así que ella me dijo:
-Soy una chica práctica, son las tres y me tengo que ir a las cinco. Que quieres hacer?- En ese momento me quedé de piedra, no podía creerme que me estubiera diciendo eso, pensaba que la noche quedaría con unos besos más y que a lo mejor querría quedar otro día a solas para volver a vernos y seguir conociendonos, pero su proposición no podía ser más clara y evidente, pensé que quería algo más que besos y en ese momento me sentí deseado como hacía muchos años no había sentido. Le dije que si quería que podíamos ir a mi piso, y me dijo que si.

          Una cuantas calles después y con el deseo aumentando a cada paso que dábamos, llegamos a mi piso y entramos en mi habitación. Después de dejar la chaquetas encima del escritorio, se abalanzó con sus brazos hacia mi y empezó a besarme con más pasión aún, como si todavía tubiese rincones por descubrir en mi boca. Me besaba con ganas, con su boca apretada a la mía con fuerza, con nuestras bocas abiertas y moviéndose con la intención de dejar jugar nuestras lenguas entre ellas. Me abrazaba fuerte y eso creaba en mi aún más pasión. La besaba por el cuello y no podía parar de gemir, unos gemidos profundos y sensuales que hacían que me pusiera cada vez más a tono. Nos empezamos a desnudar y aprecié el tono de su piel más de cerca, una piel suave y morena, delicada, sensible, tan sensible que a cada centímetro que pasaba mi lengua creaba en ella un gemido y un espasmo de placer. La vi desnuda por primera vez y me pareció tan atractiva que perdí el mundo de vista. Me fijé en sus pechos, me parecieron preciosos, sus pezones grandes y tan apetecibles me llamaban a besarlos y a saborearlos, podía notar cuando tenía mi boca abierta en ellos lamiendo con mi lengua como se ponían cada vez más duros, sentí como se acentuaban los gemidos por el placer que eso le producía. Descubrí todo su cuerpo con mi lengua y con mis manos con tanta curiosidad como si de un adolecente se tratara. Ya ni me acordaba de la última vez que perdí el norte en la cama, con pasión, con desenfreno, con mucho deseo, con tanta atracción que cuesta asimilar, y con ganas de disfrutar y de sentirte vivo y deseado por otra mujer.

         Me sentí correspondido y extasiado, feliz por haber pasado una noche con esa chica que tan interesante me parecía, y sorprendido de estar allí por no pensar que esa era una de las posibilidades. Estaba en una nube, no me lo podía creer. Me senti feliz también por ella, la vi contenta como todavía no la había visto en ninguna ocasión, y me sentí mejor aún. Al fin sentí que algo bueno me estaba pasando, que todo lo anterior había valido la pena, que todo tenía más sentido por haber vivido esa noche, y con la esperanza de poder volver a verla otro vez.





















jueves, 16 de mayo de 2013

2_Conectándome

Todo fué sucediendo con normalidad, con mis nervios crónicos en situaciones con gente que no conozco, con algo de incomodidad por mi baja seguridad y mi poca aptitud frente a las conversaciones que me parecen poco interesantes o que desconozco. Me planteé en escuchar lo justo y comentar poco por si me salía alguna estupidez de las mías.

              Pedimos pasta y pizza, eran porciones para gnomos creo, es más, incluso algun hijo de los gnomos podría comerse tranquilamente ese menu para estomagos en miniatura. No tenía mucha hambre ni me apetecía llenarme mucho pero pensé que esa noche beberiamos bastante, por lo que me force un poco a comerme mis miniraciones y parte de la pizza de una de las amigas de mi prima. A parte con mi prima nos pedimos unas patatas bravas. A mi prima le gusta comer, y ya había estado allí.

             Iban hablando entre ellas como si yo no estubiese, me limitaba a escuchar ya que no m podia meter, no tenía nada que decir porque hablaban de sus cosas. Hubo un momento en que hablaban de sujetadores con relleno y curiosamente me sentí interesado por el tema y por saber que opinan las mujeres de ese tema, intenté hacer algun comentario intentando aparentar normalidad. Aprendí que casi todos los sujetadores de hoy en día van con relleno, y que cuesta encontrar los que no tienen. Automaticamente por mi mente pensó en si ellas llevaban relleno o no, creo que dijeron que no, pero por si a caso y con disimulo, empece a repasar el pecho de las tres a ver si se notaba algo, y de paso imaginarme como les podría quedar un sujetador con relleno, sin relleno o hasta sin sujetador. Hay cosas que no las puedo evitar.

            Iban pasando los minutos y cada vez teniamos los estomagos más llenos de comida y de sangría.
Nos estabamos casi sintiendo a gusto, notaba como un cierto nerviosismo y ansiedad. Pensé que no les debía gustar mi presencia, que ese día hubieran preferido cenar las tres juntas como otras veces debieron hacer. Segui mi prposito de escuchar y comentar poco con el fin de no molestarlas demasiado e intentar que se sintieran cada vez más a gusto con mi inclusión en su grupo.

           Salieron a fumar y por fin pudimos hablar tranquilamente mi prima y yo sobre nuetras cosas y amigos comunes. Aproveche para preguntarle si le gustaban mis gafas nuevas y si me quedaban bien. Són de esas preguntas que ya sabes a quien tienes que hacerlas, que ya sabes lo que te van a contestar y que ya sabes que a quien se lo preguntas, no está siendo objetiva pero aún así necesitaba un poco de autoestima aunque fuera artificial. Me dijo que si a todo, y me relaje un poco más.

            Aparecieron de nuevo y seguimos hablando. Empezaron a hablar de los Gintónics, noté un cierto entendimiento en una de las amigas de mi prima. Me fijé en ella. Llevaba los labios pintados de color rojo intenso, un toque de maquillaje en el contorno de los ojos y algo de color en la cara para resaltar zonas. Nada ostentoso, lo justo y necesario para arreglarse un poco, aunque el color del pintalabios me resultó atrevido. Pelo largo y moreno, no recuerdo si lo llevaba a un lado o caido normal, pero iba a juego con el color chocolate de su piel. Algunos piercings en la cara y algun complemento más. Me pareció una chica agradable, alegre, con una manera de expresarse con criterio y con seguridad en si misma. En ese momento escuché una frase que decía en la conversación, parecía muy enterada sobre las marcas de ginebras más conocidas:

- A mi me gusta más la ginebra seca, como la Bulldog que es la que tengo en mi casa, las que son suaves no me gustan tanto. - Lo dijo con la seguridad de estar hablando de un tema que sabía que los demás no dominabamos, almenos sabía que su amiga y mi prima no entienden demasiado. Me pareció que su seguridad venía por eso. Yo tampoco entendía mucho sobre Ginebras, había oido que estaba de moda pero no me había interesado demasiado y mi grado de sabiduria era tan ignorante como el del saberme solo las marcas de Beefeter y Larios, y la única tónica que me sabía era la Schweppes. Pero me vino a la cabeza algo lógico que no pude resistir a decir de forma inmpulsiva:

- Pero en el gintonic también se tiene que mirar el tipo y marca de tónica que se combina no? - Me pareció una pregunta totalmente lógica. Visto ahora, me parece una conversación de pijos de l'eixample que quieren estar a la última de todo, tan repelente y pijo el comentario de ella como mi pregunta posterior. La tenía sentada delante, estaba encarada a su amiga que tenía a su lado y a mi prima de al lado, cquedando yo en segundo plano. Giró la cabeza apuntando sus ojos hacia los mios, se quedó así como unas diez o quince milésimas de segundo que me parecieron eternas, y me dijo:

- Si. - Fué un si tan seco que entendí inmediatamente que además de ser lo que comes eres también loque bebes. En ese instante ella estaba siendo la ginebra que se bebía en su casa. Creo que la ginebra Bulldog tiene que ser la más seca del mundo y que se había bebido como dos palés de importación ella sola. Se me secó la boca y hasa el estomago. No dije nada más y seguí bebiendo. Me resultaba inútil ese día y en esa situación conseguir establecer una conversación con algo de empatia y comodidad.

          Después de discutir con el camarero por si querían un brownie más grande por cincuenta céntimos más para compartir entre las dos amigas, discusión que me pareció bastante extraña, pagamos y nos fuimos hacia una discoteca del centro del barrio.

           Nos pedimos unos gintónics y empezamos a bailar. No tenía ganas de bailar. No me apetecía. Pero no podía quedarme quieto a mirar como bailaban ellas y me dispuse a mover mi cuerpo lo más mínimo, con los pasos standars de toda la vida.

          Hubo un momento en que pusieron algo de flamenco. Las dos amigas se emocionaron y empezaron a moverse de manera más flamenca con el añadido de las palmas y el reboloteo de los pelos y caderas. Se lo estaban pasando bien, me alegré por ellas porque almenos ya había valido la pena haber pasado la cena y difrutar de ese momento como lo estaban haciendo.

          Al momento terminó el flamenco y siguió la musica comercial de siempre, con la que uno puede moverse algo discreto y cómodo. Me empezaba a sentir mejor porque solo se trataba de moverse, hacer algun comentario y conectar un poco con ellas. En un momento, la amiga experta en ginebras, empezo a juguetear y a darme golpecitos de cadera, como si quisiera jugar conmigo o como si se estubiese aburriendo. En ese momento me reí a gusto, me liberé de mi presión crónico-social, y empecé a disfrutar de la noche intentando conectar más con ellas y de paso, con el mundo exterior.

          Minutos después, nos encontabamos fumando fuera del local. Estabamos más contentos de lo normal. Bueno, las amigas de mi prima destacaban algo más, pensé que podía ser por la poca ingesta de comida y porque nos bebimos la sangría como para hacer la "pole" y dejar marca en el registro oficial del restaurante como los más veloces de la historia. Fumabamos inquietos por el frio que hacía. Estaban tan alegres que hasta hicieron alarde de las tonalidades de su ropa interior. Fué un buen momento. Empezaba a pensar que con ver esas tres bragas ,con el esfuerzo que me había costado llegar hasta allí, esa noche sería una buena noche. Pensé en enseñarles mi ropa interior, pero pensé que poco les interesaría y que no tenía ganas de vivir otro momento de ignorancia.

          Marchando del local empezamos a reir por tonterías. Fué un pasaje hacia otro local que poco recuerdo. Algunas fotos de móvil, algunos abrazos y besos, dificultades motriles a la hora de andar y de hablar. Y poco más. No recuerdo llegar al local pero si que recuerdo a las dos amigas de mi prima sentadas al lado de la entrada de este. Una de las amigas no se encontraba bien y se fué.

         Poco después nos encontrabamos dentro del local los tres supervivientes del pasaje: mi prima, la amiga experta en ginebras, y yo. Nos pedimos un cubata que incluia la entrada y nos dispusimos a bailar con más aparatosidad que gracia. Empezabamos a estar cansados y demasiado bebidos como para coordinar segun que canción oida miles de veces que ya odiabamos.

        Nos quedamos solos. Mi prima se había perdido por el local hablando con no se quien y hablamos sobr el tipo de musica que sonaba, no nos gustaba, hizo un gesto bonitibo con dos dedos en suboca en señal de desagrado a la canción de ese momento y me comento que no le gustaba ese tipo de música y me comento algunos grupos que escuchaba, casi nnguno me sonaba.

Mi prima volvió con un conocido instantaneo que siempre hace. Su amiga y yo nos acercamos para ver que nos decía, y nos presentó a ese chico:

- Este es el Jordi. Ella es mi amiga, y él es mi primo. - Dijo mi prima. El chico se quedó riendo sin creerse que yo era su primo. Me enteré de que no se lo creía y para arreglarlo le dije:

- Si. Ella es mi prima, y ella es mi novia. - Le dije bastante convencido. Seguía sin creerse nada, se pensaba que le estabamos tomando el pelo y que nada era verdad. En ese momento la amiga de mi prima que estaba escuchando, participo de la comedia que había creado, y en un impulso de orgullo por la incredulidad de ese desconocido, le dijo:

- Que si! Mira! - Se acercó hacia mi y cojiendome de la cabeza me dió un beso en los labios. Me lo dió de tal manera que me costó aguantar mi compostura, pero lo hice por unos segundo, y mirando al desconocido y viendo su cara de convencido de que esa media comedia era cierta, me supo ese beso a gloria.




         









miércoles, 15 de mayo de 2013

1_Nada claro

No tenía ganas de nada, los días pasaban con la agonía de llevar en mis ojos unas gafas mal graduadas que ya hacía años que tenía y que, por una mala racha, tenía que llevar todos los días. No te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes, y hechaba de menos la comodiad y seguridad que me daban mis lentes de contacto blandas.

           Cuando mi prima me propuso que si quería ir a cenar con unas amigas suyas:
- Les gusta mucho beber, nos lo pasaremos bien! - Me dijo casi convencida. Yo en aquel momento de mi vida me sentia apagado y con más bien pena en mi interior No estaba pasando una buena época. Todo me resultaba difícil. Pasaba los días como si atravesara el desierto en pleno verano. Pero creo que mi orgullo interior me hacía hacer lo que no tenía ganas, por supervivencia propia, y sin pensarlo le dije que si.

           El día de la cena tenía que recoger mis nuevas gafas graduadas, me las hice solo una semana antes de la cena con las amigas de mi prima, y mi prima. Me las hice con la previsión de tenerlas a punto ese día, me propuse no ir a la cena si no tenía mis nuevas gafas. Con las viejas, de 2 dioptrías menos, no veia muy bien y me sentía estupido. Pero para mi sorpresa las tube para ese día. Creí que era buena noticia, pense que tenía que estar contento por tenerlas justo a tiempo, pensé que almenos tenía una alegría por tener las gafas en el tiempo previsto. Lo pensé hasta que me las puse.

             Los viernes termino de trabajar a las 15 horas. Quedé ese día con mi cunyado a las 6 de la tarde en la estación de Barberá para recojer las gafas. Llegué puntual, ya me estaba esperando:

- Hola, como estas! Toma, tus gafas. Pruévatelas.-
Me las puse con ganas, quería retirar a mis viejas gafas de una vez. Al ponermelas, sentí un ligero mareo al observar mi alrededor. Hice un gesto para recolocarmelas, como si me las hubiera puesto mal, o del revés:

- Creo que no estan bien graduadas.- Le dije a mi cunyado.
- Tu crees? Ya te acostumbraras, esto pasa al principio hasta que no te adaptas a tu nueva visión - Me dijo no con mucho convencimiento. Me lo medio creí, no podía hacer mucho más.

              Me dispuse a cojer el siguiente tren. Me sentía como si fuera la primera vez que estaba en esa estación, habían más colores, podía ver a la gente del otro anden con demasiada claridad, con detalle leí casi todos los carteles que habían, creí que si que estaban bien graduadas, que era una tontería la primera impresión que había tenido, me casi convencí hasta que me mire las manos y los pies. Me volví a marear.

              Me dió la impresión de que era más pequeño que antes, mis pies estaban a otra distancia, no calculaba bien los pasos si me disponía a andar mirandome los pies, me preocupé. Como podía ser? No lo entendía, emprece a pensar en el día que hice la graduación de las gafas. Y si no lo hice bien? Y si me equivoque al decir con que vidrio veia mejor?

              No entendía porque me estaba pasando eso, no tenía ganas de seguir pasando un mal momento con el añadido de llevar una gafas mal graduadas. Me vinieron a la cabeza dos posibilidades. La primera fué la de no ir a la cena con esas gafas. La segunda era la de volver a hacerme una revisión ocular.

             Sin pensar mucho en las pocas ganas que me apetecía aquella cena, me puse algo arreglado para salir, unos tejanos, una camiseta nueva que me había comprado, y un jersey. Nada complicado.

             Llegué el último. Me estaban esperando. Empecé a ponerme nervioso. Nunca se me han dado bien las presentciones y conocer a gente nueva. Me siento estupido con las conversaciones poco interesantes y triviales, no se me dan bien, se me nota demasiado que no me interesa, pierdo el hilo, no me integro y me disperso del momento. Lo que me faltaba.

           Mi prima se dispuso a presentarme. Me sentí como siempre me pasa en los primeros encuentros, bobo y con una sonrisa estupida gravada en mi rostro:

- Hola! Que, preparadas para emborracharnos? - Es lo primero que me salió de la cabeza. Pensé en lo estupido que podía llegar a ser sin proponermelo, y más estupido me sentí cuando me ignoraron por completo y siguieron fumando. Me sentí como si todavía no hubiese llegado, o como si no tubieran gnas de conocerme, como si les diera igual mi presencia. Pensé que eran un poco estupidas, pero tambien pensé que a lo mejor ellas tampoco se sentían cómodas.

          Nos adentramos al restaurante, estaba cansado y no tenía ganas de presenciar una magnifica conversación de chicas contra fantasma. Pensé que almenos tendría suerte y no me sentaría donde no tienes más vista que una pared y que constantemente tienes que girar la cabeza para evadir tu mirada y poder descansar la vista, no fué así. No tube casi ningun momento en el que pudiera desconectar del mundo, sin escuchar, sin ponerle atención a nada, ni de lo que miras. Solo quería sentirme bien, ver bien, estar cómodo, contento, bien acompañado y a gusto. Supongo que era pedir demasiado. Encontré una manera en el que todo lo mencionado se juntaba en pocos segundos. En un breve momento. Ese momento se repitió varias veces aquella noche. Desee ese momento toda la cena. Ese momento no era más que poner mis labios en contacto con el vaso lleno de sangría y a bebermela tranquilamente, sin prisas, degustándola y disfrutando de ella.  Por fin, un momento de paz.