viernes, 24 de mayo de 2013

4_Clark Kent


Pasaban los días y después de esa noche de película queriamos más, como si lo que habiamos vivido no hubiera sido nada, necesitabamos estar el uno con el otro con un deseo cada vez más grande. Finalmente quedamos para vernos en un hotel un viernes por la tarde hasta la mañana siguiente.

         Lo habíamos planeado todo para que ese encuentro fuera para librarnos del deseo que nos teníamos el uno al otro, queríamos sentirnos horas y horas como lo hubiesemos hecho después de cada beso que nos habiamos dado antes, y saciarnos de placer hasta que nuestros cuerpos no pudieran más.

        Recuerdo que deseaba que llegara el día con muchas ganas, y ese día estaba nervioso por como podía ir todo. Aún la veo venir hacia mi cuando la estaba esperando reposado en un arbol de esa plaza. Parecía segura de si misma, directa, seria, con unas gafas de sol Sheriff que no le había visto, que le daban un aire más salvaje. Se quitó los cascos de sus orejas, y sin poder contestarle a su hola me dió un beso en los labios con tantas ganas que me dejó claro para que habíamos quedado.

       Andando hacia el hotel, recuerdo sentirme mareado y aturdido por el saludo que me dió, me sentía extrañamente deseado y no creia lo que me estaba pasando. Estaba nervioso cuando todavía tubimos que inscribir al registro del hotel su nombre y subiamos al hotel hablando como si nada estubiera ocurriendo. Finalmente entramos a la habitación.

       Al soltar mi chaqueta y mirarla, veo como envalentonada y casi con desespero se hacerca hacia mi con los brazos abiertos y abrazandome para besarme y dar rienda suelta a todo el deseo acumulado durante tanto tiempo. Teníamos muchas ganas de vernos y de estar allí, juntos. En el momento en que me besó pasó todo el nerviosismo que venía sintiendo desde la mañana de ese día. Se entregó tanto a mi que me sentí colapsado por momentos, eso para mi no era normal, no había vivido nunca un momento como ese.

        Nos besabamos apasionadamente y cada vez con más intensidad, como si nos hubieramos necesitado toda la vida, como si ese momento que estabamos viviendo juntos lo hubieramos soñado en los mejores de nuestros sueños y verlo superado para vivirlo ese día. Sin miedos, sin frenos, sin frio, sin pensar en nada más que en liberar toda nuestra pasión y deseo. Nuestra atracción cada vez era más grande a cada gesto, a cada caricia que nos dabamos, a cada mirada que tubimos. Eramos dos desconocidos que parecía que nos hubieramos estudiado para darnos placer ese día, como si lo que más nos importara fuera que el otro sintiese más, y competir hasta el final. Recuerdo que perdí la cuenta. Pensaba que cada vez que lo haciamos se apagaría el deseo de sentirla y se acabarian mis ganas. Pero no fué así, la deseaba tanto que no sentí en ningun momento el no poder más, el no sentir en darle más placer, no podía parar de disfrutarla y explorar su cuerpo con mis manos, con mi lengua, con mis ojos. Descubriendo cada rincon de su cuerpo, acariciando sus partes más intimas con delicadeza y atención, fijandome en sus gestos a cada movimiento que hacía para ver si lo disfrutaba, si se sentía bien. Estaba con ella como si nunca hubiera visto a ninguna mujer, sentía mucha curiosidad por descubrir todos sus puntos sensuales, quería darle placer y que lo disfrutara tanto como verla disfrutar a ella. Verla gemir y mirarla a los ojos era todo para mi en ese momento Por fin la veía disfrutar de mi como tanto me había dicho y tanto habíamos deseado los dos. Fué intenso, apasionado, desenfrenado. Increible.

       Después de unas cuantas horas de sexo y de una ducha, fuimos a comer algo para recuperar fuerzas. Ese día llevaba encima un resfriado de invierno que me fastidió el sentirme más a gusto conmigo mismo, pero lo ignoré por momentos. Llevaba algun sobre para tratarlo y sentirme un poco mejor, más si cabe. Fumos hacia el centro para buscar un sitio donde sentirnos bien y comer algo simple, nada cmplicado; unas pizzas de verduras, una copa de vino para mi, una cerveza para ella y una tapa de patatas bravas como complemento extra.

       Estubimos hablando a gusto, ella me contaba que había estado viviendo un año en Londres y que trabajó en un pub. La vi sincera y sin tapujos, cómoda, parecía pasar un rato agradable con un desconocido y estar a gusto. Me pareció un poco incómoda por momentos, pero lo normal pensé. Me pareció una chica muy interesante. Me pareció culta, con muchas vivencias y viajes, curiosa, con la que se podía hablar de todo, con la que se puede tener una conversación agradable y poder escucharla sin aburrirte y que te respetara al hablar, carismatica, expresiva, simpàtica, con sentido del humor y inteligente. Me hizo sentir muy a gusto, como hacía mucho tiempo que no me sentía, a pesar de mi resfriado tan inoportuno.

       Nos fuimos a tomar una copa en la terraza de otro bar. Nos tómamos unos Gintónics que tanto nos gustaban a los dos. Hizo gala de su entendimiento en el tema y me sentí nuevamente abducido por sus explicaciones y opiniones al respeto. Me fascinaba como contaba las cosas, con ilusión y seguridad, me hacía sentir como en el cine, como si estubiera viendo un musical de los años setenta protagonizado por la mismísima Susan Sarandon. Me hizo sentir como un niño inocente al que le brillan los ojos de la ilusión, y hubiera estado hablando con ella horas y horas, pero el resfriado y el frio que tenía, me hizo tener que decirle que mejor sería irnos, porque empezaba a temblar demasiado.

      Creo que si nos hubieramos llevado algo para comer al hotel no hubieramos salido de allí. Tenía tantas ganas de volver a estar con ella en la cama que pensaba que me estaba volviendo loco, que esa atracción que me transmitía no podía ser normal. Todavía la deseaba mucho, quería llegar al hotel para seguir lo que habíamos dejado unas horas antes. Necesitaba volverla a sentir y ver su cuerpo, tan erótico y joven, con tanta sensibilidad, con esos pechos que tanto había deseado volver a ver. Empezaba a sentir demasiada atracción, y esto me preocupó. Habiamos quedado solo para acostarnos y para disfrutarnos mutuamente.

      Después de hacerlo dos veces más, y haberle quitado el pijama de la abeja Maya que tanto me provocó, nos quedamos dormidos por el agotamiento. Me abrace a ella por la espalda como si necesitara sujetarla para que no se fuera.

      Me despertó a media noche por un sobresalto que tubo durmiendo. La abracé por detras para tranquilizarla:
- Shsssss, no pasa nada. Ya está. Tranquila. Va, acuestate. Shsssss. - Me bastó para tranquilizarla unos cuantos besos en su pelo y un abrazo para que supiera que alguien estaba a su lado. No me pareció más que un sobresalto a medio sueño. Nada extraño, pero valió para darle cariño. Fué un momento dulce para mi, y vi que ese cariño que le había dado en ese momento, era porque esa chica estaba empezando a gustarme más allá del deseo carnal, y sirvió para darme cuenta que esa chica empezaba a ser especial para mi.

      Nos despertamos:
- Estas despierta?- Le dije susurrando bajito.
- Si. - Me dijo. Y se giró para ponerse de frente a mi. Y después de darme los primeros buenos días en directo desde que nos habiamos conocido, volvimos a disfrutarnos nuevamente. Incluso nos duchamos al mismo momento como si todabía tubieramos que descubrir nuestros cuerpos. Como si en posición vertical fuesemos diferentes. Pero fué un momento mágico, tenerla allí en la misma bañera, desnuda, mojada, contenta, relajada, extasiada, realizada, cómoda y disfrutando del momento conmigo. Conmigo! En ese momento me di cuenta de lo feliz que estaba por haberla conocido y de disfrutar ese momento junto a ella. Más incluso cuando estabamos en la cama disfrutándonos, la tenía delante mio. Me resulto preciosa, se mojaba el pelo para atras con los ojos cerrados y quitandose el agua de su boca, recorriendo todo su cuerpo y dejándola mojada entera. Me pareció muy guapa, inocente y feliz.

         Me pagó la parte de la habitación que le correspondia, nos vestimos y fuimos a desayunar juntos a un bar cercano. Me sorprendió que se pidiera un café con hielo, para mi no es de chica normal. Yo me pedí zumo de naranja, café con leche y croassants para los dos. Nos sentamos en la terraza para disfrutar del aire de la mañana y poder fumar. Hablamos poco por lo cansados que estábamos, pero recuerdo unos silencios con miradas cruzadas entre nosotros que parecía estar en el mismisimo paraiso. Me sentí el hombre más afortunado del mundo, como no recordaba haberme sentido.

























No hay comentarios:

Publicar un comentario