lunes, 3 de junio de 2013

6_Huevos rotos

Era martes, un 12 de febrero cuando creía que la veía por última vez, bajaba las escaleras para coger el metro y no verla más. Ese día estuve más a gusto que nunca con ella por no frenar mis sentimientos, y por dejar mis impulsos que salieran sin frenos:


-Estás al  tren?
- Descolocada, muda. Me has roto. Que raro....
-Te has leído la nota?
-Si claro, por eso te lo decía. Ni siquiera sabía que pensabas así. Es descolocarme.
-Te lo he intentado decir, pero no me explico bien, no me salen las palabras. Me bloqueo.
-Te he dicho todo lo que pensaba y te has quedado callado. Me ha dado la impresión de que pensabas que te la pela lo que sienta. Pensaba que estabas jugando conmigo.
-Pero que dices, no es cierto, puede parecerlo porque soy así de frío.
-Vamos y la canción que estoy escuchando ahora viene al pelo, Estopa, “Me quedaré”.
-Si no hubiera sido el último día, me hubiese encantado hacer cualquier otra cosa.
-Joder. Estoy en Standby. Me has descolocado. Tenía muy claro que pasabas de todo.
-No es así. Me metí en el papel de no mostrar mis sentimientos. Porque se que no te gusta y sabía que no podíamos pasar de un punto.
-Pero al sobrepasarlas, me dió pánico.
-Las sobrepasamos los dos.
-Creía que yo sola. Y tampoco entendí porque viniste el viernes.
-Quería verte, poder hablar, bailar, reír....
-Joder y yo que creía que estabas jugando.

        
         A partir de ese momento, empezamos a ser más sinceros con nosotros mismos. Habíamos pasado de ser dos conocidos que tenían un pacto a ser algo más. Hablábamos de lo que sentíamos sin tapujos y de que nos echábamos muy de menos. Parecía como si todo lo que habíamos sentido antes y que no habíamos podido demostrar, nos saliera de golpe y con mucha necesidad. 

         Empezábamos a ver que todo lo que habíamos vivido hasta entonces no había sido solo sexo, habíamos hablado de nuestras cosas, nos reíamos juntos, bromeábamos, hablamos de todo, de cine, de música, de maneras de vestir... Poco a poco nos íbamos cogiendo más cariño, y por mi parte cada día tenía más ganas de estar con ella y de conocerla mucho más. Me entendía muy bien y eso hacía que la deseara en todos los aspectos cada vez más.

-Queda pendiente pakistaní.
-En serio?
-Sabías que si me dabas esa nota te volvería a ver.
-No. No lo tenía nada claro.
-Pues queda pendiente mi Pakistaní favorito.
-Anota Pakistaní en la lista. Si cabe...

         Iban pasando los días y las ganas de vernos aumentaban. Pero seguíamos viéndonos poco. Siempre era el que proponía para quedar, pero no me importaba. Quedábamos dos veces por semana o a veces una. Sentía que necesitaba verla cada vez más, estábamos demasiado bien como para no echarla de menos. Estaba en un momento en el que me sentía yo mismo, sin tener que pensar en lo que decía por miedo a romper nada o por miedo a asustarla. Sentía como me deseaba y estaba a gusto conmigo, y yo con ella y  eso me hacía creer que todo iba bien, aunque seguía creyendo que nos veíamos poco, pero pensé que a lo mejor más adelante ella estaría más dispuesta y más disponible.

         Hablábamos cada día sin excepción, sentía la necesidad de saber de ella, de seguir conociéndola más, aunque fuera por el móvil. Sentía que lo que estábamos viviendo solo estaba siendo el principio de algo y tenía la esperanza de que se sintiera segura conmigo, de que no se sintiera agobiada por eso, creía que estaba convencida de estar segura de los dos, sin ningún miedo por abrir su corazón.

         Quería quedar con ella como fuera. Me acuerdo que se hizo un tatuaje y le habían recomendado no sudar nada. Ella me contó que no podía quedar porque no se podía controlar, que era inevitable, y yo insistía con planes diferentes para variar, como ir a tomar algo o al cine, pero ella no aceptaba porque era demasiado tentador, auque me decía que me echaba de menos, que me necesitaba y que tenía tiempo para mi. Yo le decía que también, que la necesitaba y que no hacía nada más que pensar en ella.

         Hablábamos de nuestros encuentros con mucha ilusión, recuerdo que lo hacíamos al detalle y de como nos habíamos sentido en ese momento; el día del primer beso, el viernes de la discoteca, el día de película y de otros día puntuales. Lo hacíamos a menudo con mucho entusiasmo para recordar los buenos momentos. Me sentía muy a gusto con ella hablando de esos días, me daba la impresión de que se alegraba de haberme conocido y de que lo que estaba viviendo junto a mi le daba mucha fuerza y ganas para seguir adelante.

         De lo que más terminábamos hablando era de lo bien que estábamos en la cama. Disfrutaba mucho con ella y cada vez era mejor. Me iba cumpliendo mis sueños sexuales que siempre había tenido. Me sentía muy realizado en ese aspecto porque nos compenetrábamos mucho y hablábamos de eso sin tabús ni secretos. Sentía tanto placer que era complicado no pasar ni un día deseándola y pensando en ella de las formas más sensuales que la había visto, de recordar su olor que tanto me cautivaba y de sentirla entre mis brazos gemir cuando extasiada me abrazaba y en mi oreja dejaba salir sus gritos para disfrutar de sus orgasmos. Nunca había imaginado llegar a los límites que estaba llegando, pero sabia que no solo era eso lo que nos unía, había algo entre los dos que no cesaba y que hacía cada vez que nos sintiéramos más a gusto y con más ganas de estar juntos.

         Me decía que el pánico que sintió al querer irse de mi era por acercarme lo suficiente como para poder hacerle daño, y que en ese momento no pensaba en nada, solo en el momento, y que se sentía bien conmigo. Sentía que la estaba recuperando y tenía la esperanza de que cada vez estaríamos más unidos. Pero todo cambió de repente.

         No estaba pasando un buen momento y ella era lo único bueno que tenía, pero demasiados días sin vernos mezclado con bajones de ánimos personales, hicieron que todo se volviera a desvanecer. Ella me contaba que tampoco estaba pasando un buen momento y que lo mejor era dejarlo porque sentía pánico de perderme, porque cada vez que me notaba frío y distante se le derrumbaba el mundo. Sentía de nuevo que no me creía nada, que todo le había dicho que sentía no se lo creía, o no se lo quería creer. Me desesperé otra vez solo de pensar en poder volverla a perder, y los días siguientes fueron un infierno al que me tenía que someter a diario.

         Era un martes cuando me dijo que sería mejor dejarlo y que en dos días me olvidaría de ella. Realmente no se si lo decía en serio o era una forma de hablar, pero eso me dolió, me hizo ver que realmente seguía pensando que ella no era nadie para mi. No sabía que pensar, sentía impotencia y rabia por no haberle echo entender mejor lo que sentía, o tal vez era una manera de defensarse para ella y no tener que sufrir más el echarnos de menos e intentar olvidarnos de todo eso para siempre. De nuevo no entendía su postura y me costaba meterme en su piel para poder intentar saber un poco como se podía sentir ella. Estaba desesperado.

         Cada día que pasaba era una agonía. Recuerdo que lo único que sentía eran unas ganas infrenables de llorar, una tristeza que me cautivaba por completo y que al instante de llegar por la tarde en mi habitación pudiera sacarlo todo en forma de llantos. No recuerdo haberme sentido tan triste desde hacía tiempo, y cada día sin ella era más duro y doloroso. Tirado en mi cama sin despegar ojo del teléfono para ver si recibía alguna señal, impaciente y con los ojos llorosos. Tenía dudas de si tenía que escribirla o no, tenía la contradicción de saber que ella me necesitaba y quería estar conmigo, pero ella ya había decidido que eso se acabó. Hablábamos sin saber que decirnos y siempre terminábamos hablando de lo mismo, de los miedos, de dejar que pasara el tiempo,  de que sería más fácil para los dos...  Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, y esos días supe que estaba perdiendo a una chica a la que no solo había empezado a conocer, sino que también la estaba empezando a querer de verdad, y cada día que pasaba me daba cada vez más cuenta de eso, y la desesperación y tristeza se estaban apoderando de mi, y no quería perderla.

         Nos hubiéramos visto ese viernes si no se hubiese terminado todo, y no recuerdo una tarde tan triste sin ella desde que la conocí, tumbado en mi cama, triste y lloroso como cada tarde y esperando alguna señal de ella. Pasaban las horas y cada vez se me hacía más doloroso. No paraba de pensar que en ese momento teníamos que estar juntos y aún me dolía más. Sabía que había quedado con unas amigas para tomar algo, y no paraba de pensar que si estaba cerca podríamos vernos de alguna manera. Yo había quedado con mi prima para salir de mi triste habitación, y sentirme algo menos solo. Iba por las calles perdido sin saber como llegar, más pendiente de mi móvil que del rumbo. De alguna manera no perdí la esperanza de poder verla, y cada mensaje era un sobresalto, hasta que unas horas más tarde me dijo:

-Creo que seguir con esto no va a ser bueno para los dos, y no quiero sufrir más.- En ese momento la vi hundida y triste. Me dió a entender que si seguíamos con eso la que sufriría más sería ella, y no podía pensar en hacerla sufrir por mi culpa, que si ella prefería dejarlo por decisión propia, no podía imponerme. Y recapacité. Entendí que lo estaba pasando muy mal y que eso la podía hundir más. No quería hacerle daño. Tube la sensación de que la había perdido, que su decisión era muy firme y ya no había nada que hacer. Lo único que pensé era en que fuera feliz, aunque lo fuera sin mi y me doliese. Le envié un mensaje a modo de despedida:

- No quiero que sufras por mi culpa. Tengo que respetar tu decisión. Y quiero que sepas que te quiero y que deseo que seas feliz. Siento que lo estés pasando mal.-
-Donde estas?- Me preguntó ella, y se me iluminó algo dentro de mi. Sentí que aún podía verla! Yo también le pregunté dónde estaba y empecé a andar impaciente hacía dónde me dijo que iba. Sentía al andar como el corazón iba a mil por hora y que las ganas de verla y de abrazarla eran más grandes a cada paso que daba. Pensaba: -Tranquilo, solo quiere hablar, quiere aclarar las cosas y ya está. No te hagas ilusiones, quiere decirte adiós.- Y seguí andando hacia esa plaza dónde me dijo que iba.

         Me dijo que estaba al lado de una fuente, y no la vi. Miré la fuente y luego giré la cabeza a la derecha cuando finalmente la vi que andaba hacía mi. La vi triste y encogida, solo pensaba en abrazarla y decirle que lo sentía mucho. Al llegar hacia mi y sin mirarme a los ojos levanto la cabeza y me besó. Me quedé bloqueado y sin saber que pensar. Lo único que hice fue disfrutar de ese beso como nunca, y pensé que podía ser el último. Nos abrazamos y nuevamente sentí que estaba muy triste, se abrazaba a mi con necesidad y al mismo tiempo dolor. La cogí de la mano para llevarla al lado de la fuente para estar más cómodos y poder hablar tranquilamente. Recuerdo como el ruido de la fuente llenaba los silencios tan largos que hubo. Estaba llorando y verla me hizo sentir aún peor, no podía soportar verla sufrir, se me encogió el corazón y el alma y no me salían las palabras como siempre me pasa en estos momentos. No sabía que decirle, estaba muy triste y no quería hacerla sufrir más. Pero pensé que ese podía ser el último momento en que estaríamos juntos y en el que nos veríamos, así que decidí que esa podía ser la única ocasión en que le podía decir lo que sentía, y sentía que la quería. Así que se lo dije con una voz de niño, como si volviera a tener quince años. No podía despedirme sin decírselo y sin que lo oyera de mi boca:

-Te quiero. – Entonces se encogió y se pronunciaron más sus llantos:
-No me digas esto, porfavor.- Me Dijo con voz entrecortada.
-Lo siento, pero te quiero. Y me he enamorado de ti como un esúpido. Tenía que decírtelo. – Siguió llorando en silencio sin decir nada. Lo único que podía hacer era consolarla. Le besaba la cabeza, le acariciaba el pelo y la espalda. No pensaba en nada, solo en disfrutar de su aroma, del tacto de su piel y de su presencia por última vez. En ese momento no existía nada más que nosotros dos. Pensaba que la había perdido y que no nos veríamos nunca más pero me cogió de la mano y dentro de mi se me hizo un poco menos pequeña la poca esperanza que todavía mantenía. Me acariciaba con dulzura mientras su cabeza iba a toda máquina sin parar de pensar, sin saber que hacer. Lo estaba pasando mal y solo quería verla contenta, o verla sonreír un poco almenos para quedarme con algún buen recuerdo, y para que parara de sufrir. Me acordé que habíamos mantenido una conversación muy interesante sobre el tipo de personalidad que uno tiene según como le gustan los huevos cocinados, y me envalentoné a decirle como recordaba que le gustaban los huevos a ella:

-Así que te gustan los huevos bien echos eh?- Y se puso a reír. Por fin la vi sonreír un poco, aunque un poco desconcertada de reírse en esa situación. Esa sonrisa me alivió mucho:
-Siempre consigues hacerme sonreír en los peores momentos- Empezamos a hablar algo más tranquilos y con menos tensión. Estábamos algo más relajados.
-Quieres ir a tomar algo? – No me lo podía creer, me estaba invitando a tomar algo! Yo pensaba que eso era una despedida y de repente el contexto se me gira por completo. No podía creer que estuviera pidiéndome eso, tenía la sensación que la poca esperanza que todavía me quedaba, era tan poca que me parecía imposible haber llegado a esa situación tan inesperada para mi. Me sentí extraño, tanta tristeza sufrida los días anteriores se desvanecían en ese momento por completo, y por fin volvía a sentirme en paz, volvía a ser yo junto a ella, como tanto había deseado y soñado esas tardes en mi habitación:

-Sabes que ya no puedo coger ningún tren no?

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