miércoles, 4 de septiembre de 2013

7_Escalones

Recuerdo que estaba sentado en un escalón. Me sentía impotente, angustiado, triste, solo. Tenía frio, y no paraba de soplar el viento. En alguna ocasión notaba como me humedecía por el agua que arrastraba el viento de la fuente de al lado. No me importaba. Si hubiera llegado cinco minutos antes la habría visto, y me tenia que conformar en saber que habiamos estado a la vez en la misma estación, pero sin vernos. Maldecía el cigarro que normalmente solemos hacer con los compañeros después de salir del trabajo. La habría visto. No podía soportar no volverla a ver.

            Me quedé sentado en ese escalon horas, pensando en que hubiera pasado si la hubiera encontrado. Ella me contó que estaba por el centro,como suele hacer muchas veces, para distraerse y para desconectar. Supongo que lo necesitaba porque el día anterior me comentó que no nos veriamos más, y que todo se acabó. Estaba pasando una mala época personal y no se porqué, pero quería que me alejase de ella, cuando más me necesitaba.

            No tenía ganas de nada. Andaba por la calle sin rumbo ni alma, como cualquier persona perdida y sin ilusiones. Me decía que tenía que salir para distraerme, y lo único que deseaba era llorar, encerrarme en mi habitación y sacar toda mi angustia y desespero.

            Estaba medio dormido aún. Sonó mi móbil, y sé que la única persona que podía decirme algo a esas horas era ella. Almenos seguía pensando en mi.

- Buenos días. No te creeras donde estoy...
- En la playa?
- No, estoy a dos calles de tu casa.

            Me desperté de golpe! No podía creer que estaba allí! Al lado de mi casa! No entendía nada. Me dijo que había venido a comprar un regalo de bebes. Y yo solo pensaba en que estaba allí y en la posibilidad de quedar para tomar algo o vernos. Pero ella estaba indecisa, no sabía si verme o no, pero se decidió por venir a verme. Noté como una sensación de alivio recorria mi cuerpo. Cerré los ojos, suspiré y sonreí. La volvería a ver! Esa misma mañana!! No podía creermelo, estaba eufórico y descolocado.

            Arreglé como pude mi habitación, me limpié un poco la cara, y me planté en el balcón a esperar que llegase. La ví apoyada en la caseta de la parada del autobus. Fumando. Por fin llama y se dispone a subir por las escaleras ya que el ascensor estaba estropeado. Supongo que ella, al verlo pensó: - Lo que faltaba ya...

            La esperé en la escalera intentando encontrarla con la mirada a cada piso que subía. Por fin la ví, terminó de subir los escalones, y con mis ansias de abrazarla casi la hago caer en el último. – Déjame llegar. – Me dijo. Y nos fundimos en un abrazo. Un abrazo que necesitabamos los dos. No sabía si eso estaba pasando o si estaba soñando en mi cama. Ese abrazo me curó a cada segundo que pasaba, pero también sabía que ella aún lo necesitaba más.
           
            La invité a entrar y a desayunar. Tenía un poco de zumo de naranja, unas madalenas y una tableta de chocolate. Comimos un poco, y volvimos a abrazarnos. Con más intensidad aún, y con más fuerza. Noté como empezaba a llorar, y como intentaba esconder sus lágrimas frotandose las manos por la cara. Estaba muy mal de ánimos, triste y desesperada. Sentí como se retorzia en mi, como si quisiera fundir su cuerpo con el mio, reclamando necesidad y ganas de tenerme. Podía sentir ese lazo que hace que las personas esten unidas por una razón u otra y necesitan a alguien para poder sobrevivir, para sentirte alguien en esta vida, para saber que no estas solo y para ver que hay gente que te entiende y que te hacen sentir que esta vida vale la pena. Vale si hay alguien con quien puedas compartir esos momentos. Y ese era uno de esos momentos en que me sentía más vivo que nunca, sentía pasión, cariño, amor, ganas de estar con ella, de conocerla más, de poder hacer cualquier cosa para que lo pasara menos mal, sentía tanta atracción que la deseaba con toda mi fuerza. La había perdido y en ese momento la tenía más que nunca, y nos teníamos, deseabamos estar juntos y olvidarnos de todo lo malo y de los malos momentos que estabamos pasando.

            Fuimos a desayunar con esa sensación que siempre nos quedaba a los dos, extasiados, realizados y felices de haber estado con la persona que más quieres, y con la contradicción de volvernos a despedir y de sentir esa incertidumbre de cuando nos veremos de nuevo. Pero en el fondo me sentía feliz, me sentía esperanzados de verla de nuevo. Solamente pensaba que había sido otra piedra en el camino pero un escalón más para los dos.







No hay comentarios:

Publicar un comentario