Iba muy estresada por todo, tenía las tardes tan ocupadas que no tenía
tiempo de quedar conmigo, y no nos podíamos ver como nos gustaría. Quedamos ese
día en una parada del Tram, y solo teníamos una hora, si llegaba. Hacía una
semana que no nos veiamos y como siempre las ganas de vernos iban a más.
Decidimos vernos esa semana ni que fuera menos de una hora, almenos para
establecer algo de contacto y de tranquilizar nuestras ansias de vernos solo
con ese momento. Los dos sabemos que es insuficiente, pero vistas las
circunstancias, para nosotros ese momento era mucho. Me explicó lo que le
sucedía, estaba inquieta, alterada por el mal estar que su situación laboral le
producía. Me limite a escucharla y a hacerle alguna pregunta o algun
comentario. Necesitaba hablar y que la escucharan, necesitaba soltarlo porque
no podía cargarlo más. Sin más, nos despedimos, y justo entrar en el Tram me
acordé que le había traido unos dulces de chocolate que tanto le gustan. Se los
guardé para dárselos en otra ocasión.
Después de tantos días sin
vernos, decidimos que nos merecíamos algo más. Teníamos que calmar esas ganas
de estar juntos y decidimos planear una noche para los dos. Habíamos hablado de
la posibilidad de ir a un teatro a ver un show que hacía unos días que habían
estrenado. Después de comprovar que quedaban pocas entradas para el día que
queriamos ir, le comenté que las teníamos que comprar ya, que la única
posibilidad de poder estar juntos eran dos entradas en una misma fila pero separadas
por siete personas en medio, casi nada. Ella me dijo que no me preocupara, que
podíamos mirar otra cosa. Yo insistí hasta el punto de tener que hacerle una apuesta,
para que cediera un poco:
-
Te hago una apuesta, si no consigo que nos
sentemos juntos, pago yo la cena.- Pensé que era la apuesta perfecta, a lo que ella, después de una
pausa, me contestó:
-
Te hago otra apuesta, si no consigues que nos
sentemos juntos, cuando se termine la obra, me voy. Aceptas?
No me lo pensé mucho, sabía
que no podía ser tan difícil que la gente no se moviera solo un asiento hacia
un lado, por muy rancios que fueran. Le dije que si. Y compré las entradas para
ese jueves. Yo me pedí fiesta el viernes para poder pasar la noche juntos, pero
debo explicarme mal, claro, todo se pega, y hasta los malos entendidos resultan
ya un clásico. Ya se sabe, las montañas rusas.
Empezaba a las ocho y
media. Me dispuse a salir de casa para ir a buscarla en la parada de la fuente.
Me dijo que iba justa de tiempo, y que si el tren no se paraba llegaría bien.
El dichoso tren se paró a su antojo para estimular nuestros nervios, y a y
medía pasada la vi llegar.
Me sorprendió. Estaba muy
diferente de como la había visto siempre. Llevaba el cabello recogido como no
la había visto antes. Labios pintados de rojo carmín que tanto acentua sus
labios carnosos, y que tanto me gustan. Ojos pintados y maquillaje básico nada
acentuado. Con sus gafas de pasta, pantalones negros, chaqueta negra, y unos
zapatos de tacon que la levantaban unos quince centimetros más. Iba muy
elegante. Al principio se ma hacía raro verla a mi lado tan alta, pero me
gustaba. Me gustó mucho. Estaba impresionado.
Con las prisas olvidaba que
llevaba tacones, y me adelantaba al paso con las reprimendas oportunas de ella.
Sabía que después de pasada la hora establecida de inicio del espectaculo,
dejaban diez minutos más de margen por los imprevistos de última hora, y eran
las ocho y trenta y cinco, solo teniamos cinco minutos para llegar, y el teatro
estaba a dos minutos a paso normal. Finalmente llegamos. Abrimos la puerta y
nos encontramos a un responsable de sala que nos indico que debíamos dubir al
segundo piso, que un compañero suyo nos indicaría. Y así fué, subimos al
segundo piso, por sorpresa de los dos, habían muchos asientos vacios, y nos
sentamos juntos.
Estaba empezando el show
cuando nos estabamos sentando, llegamos justo a tiempo y con la comodidad de
saber que podíamos estar juntos sin agobios de gente, ni tener que desplazar a
siente personas para poder sentarnos juntos. Me quedé tranquilo al ver que solo
teníamos que elejir los asientos que más nos gustaran, y le dije:
-
Supongo que la apuesta queda anulada no? – Le dije al ver que esa no era la situación
que esperabamos que fuera.
-
Si claro. – Me dijo la cruel apostadora, con un tono que casi
parecía que la quería ganar. En fin, después de ponernos cómodos, empezó la función.
Fué un show muy dinámico y
entretenido, con acróbatas, humor, bailes, y alguna que otra sorpresa más. Me
lo pasé genial, la tenía allí al lado con la boca semiabierta de lo que le
estaba gustando, la miraba de refilón para ver la
cara que ponía, y me pareció que se lo estaba pasando bien. La oía reir a mi
lado y me encantaba oirla, sabía que había pasado una semana muy mala y ese
momento estaba desconectando de todo. Tiene una sonrisa que me enamora, y cada
vez que la sentía tenía más ganas de apretarle más fuerte la mano o de
abrazarla.
Después del primer acto,
nos quedamos sentados en nuestros asientos para hablar un poco, ya que no
habíamos tenido tiempo de lo justos que habíamos ido. Me comentó los problemas
que tenía en su trabajo, de algunos malos rollos, y de que no me entendió
cuando le dije de pasar la noche juntos, pero bueno, lo único que pasaba por mi
cabeza era que estaba preciosa, y que después de todos los mal entendidos que
puedan haber durante el tiempo que no nos vemos, se desvanecen a los pocos segundos de verla.
Acabada la función, nos
dispusimos a ir a cenar en algun sitio. Me había percatado de una pizzeria
cercana al teatro que le comenté al salir, le dije que al llevar tacones que no
la haría andar mucho, y fuimos a ese restaurante, a ella le pareció bien.
Nos pedimos dos pizzas,
ella una cinco quesos, y yo una de verduras. Un lambrusco y nada más. Una de
mis cenas favoritas con la mejor compañía del mundo. Una compañía que me
continuaba deslumbrando con su “look” tan diferente, con sus conversaciones tan
interesantes, con sus miradas, sus gestos tan pronunciados, sus prisas en
comerse lo que tenía en el plato y por beberse lo que tenía el vaso, su
sorpresa al ver como casi se termina una pizza de tamaño familiar, sus ganas de
comerme mis trozitos de calabaza al horno y su presencia que tanto anhelo todos
los días y que siempre al verla después, me pone tan nervioso, me inquieta, me
siento tan atraido por ella que hay momentos que siento como tiemblo al subir
el tenedor a mi boca o tartamudeo a la hora de hablar, me siento como si
viajara en una nube pero con turbulencias, me desprende tanta serenidad que
noto hasta como me late el corazón, sensaciones que no estoy acostumbrado a
sentir pero que me resultan apasionantes y que las vivo con mucha intensidad,
que me haga sentir así hace que me de cuenta de lo mucho que me importa, de que
la quiero, que la deseo y que hace darme cuenta de que es lo mejor que tengo.
Al salir de la pizzeria,
decidimos ir a tomar una copa en algun sitio, a poder ser cerca de donde estábamos
ya que ella no podía andar con demasiada comodidad con sus tacones, así que se
los quitó y nos dispusimos a encontrar algun local donde pudieramos estar
tranquilos y cómodos.
El local que decidimos
entrar parecía agradable y tranquilo visto desde fuera, pero al rato de estar
sentados, se empezó a llenar de adolescentes con ansias de beber y salir de
fiesta, al verlo nos disgustamos un poco de ese ambiente poco deseado y con
tanto ruido, así que al terminarnos la copa fuimos en busca de otro local. Lo
encontramos cerca de ese, y el ambiente era más a nuestro gusto ya que estaba
casi vacio, podíamos hablar y los asientos eran unos sofás donde nos pudimos
poner cómodos.
Seguimos hablando de
nuestras cosas, y de su viaje. Me contó algo que ella pensaba que ya me había
contado. Y si. Me lo había contado, pero no me había dicho su nombre, y él era
con el que se iba dos semanas de viaje, un viaje que le había regalado por ser
su amiga. En ese momento pensaba que me undía tierra abajo, me vino un ataque
de celos que no recordaba haber sentido nunca y empecé a recordar cosas que me
había contado de él, de lo que habían hecho, de lo que hicieron hace años, de
que estarían solos de viaje durante dos largas semanas, de que lo habían dejado
porque ella no quiso una relacón en ese momento, supuse que él estaba enamorado
de ella y que quería algo más que sexo y que por eso ella no quiso seguir. Me
vino a la cabeza millones de pensamientos cada cual peor, de lo que podría
pasar, de los regalos que le hacía, de los que le haría, de esa aventura que
tubieron con la que no paraba de darle vueltas y con la que me venían muchas
preguntas, que claro, no se las hice. Me bloqueé como me bloqueo cuando alguna
cosa altera mis sentimientos, no sabía que hacer ni que decir, supongo que fué
una mezcla de celos, envidia, desconfianza y miedo. Y no paraba de pensar en
que estarían juntos dos semanas, estaría más tiempo con él en ese viaje que
conmigo desde que nos conocemos. Y me sentí impotente y rabioso.
Consiguió sonsacarme alguna
opinión para calmar mi mal estar, me comentaba que no tenía que temer por nada,
que no tenía que pensar en nada malo y que tenía que confiar en ella, que solo
era un viaje de vacaciones con un amigo con el que ya solo tenían amistad y
nada más. Me calmó un poco, pero por dentro seguía con mis comeduras de cabeza.
Nos echaron de local porque
ya cerraban, era tarde, y nos fuimos en dirección a la boca del metro donde
ella se tenía que maxar. Hacía frio. Nos abrazamos en un portal durante mucho
rato, y luego en otro. No quería que se fuera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario